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Sábado 30 de mayo de 2026 - 01:00 AM

¿Por qué votaré por Paloma Valencia?

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Votar no siempre es un acto de entusiasmo; a veces es un acto de responsabilidad. Este domingo es uno de esos casos. Tengo diferencias profundas con el Centro Democrático. No es un secreto ni pretendo ocultarlo. Su historia, sus posiciones en varios momentos cruciales del país y algunas de sus voces más radicales me generan reparos que no voy a fingir que no existen. Pero Colombia no me está pidiendo este domingo que vote por un partido. Me está pidiendo que decida qué tipo de país quiero para los próximos cuatro años.

Y la respuesta, con todas mis contradicciones encima, es Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo.

No es un voto cómodo. Es un voto que nace de una convicción simple y urgente: Colombia no puede darse el lujo de continuar por el camino de la polarización, el populismo y la retórica incendiaria que caracterizó al gobierno de Petro. Un gobierno que prometió transformaciones históricas y terminó entregando discursos rimbombantes. Que agitó espadas de Bolívar mientras el país se hundía en la improvisación y el decrecimiento. Que gobernó para dividir, no para construir.

Reemplazar ese error con otro populista sería una contradicción imperdonable. No se corrige el extremo con otro extremo.

Lo que Colombia necesita hoy es recuperar la altura institucional, el respeto por las reglas del juego democrático y la convicción de que gobernar es un ejercicio técnico y serio, no un espectáculo de tarimas y gritos. En eso coincido con Valencia y Oviedo, a pesar de las distancias ideológicas que me separan de su partido.

Hay quienes en la oposición pusieron la cara durante cuatro años con enorme riesgo personal e institucional. Ignorar ese valor para apostar por outsiders y figuras construidas desde las redes sociales sería repetir el error de 2022, cuando el país prefirió el juego de los influencers sobre la solidez de quienes ya habían demostrado convicción.

Este domingo no voto por el Centro Democrático. Voto contra la polarización. Voto porque Colombia no vuelva a caer en manos de quien gobierna con el megáfono y las pasiones irreverentes como único argumento. Voto porque cuatro años más de populismo, de cualquier color y de cualquier orilla, no es un riesgo que este país pueda permitirse. Los extremos, por donde se les mire, producen el mismo daño: fracturan la sociedad, debilitan las instituciones y hacen imposible la gobernabilidad. Colombia ya pagó un precio demasiado alto por ese experimento. Una sociedad tan fragmentada como la nuestra no resiste otro ciclo de gobiernos que dividen para gobernar. Lo que necesitamos no es un salvador de izquierda ni uno de derecha. Necesitamos un gobierno que entienda que gobernar es construir puentes, no quemarlos. Esa es mi convicción y con ella voy a las urnas este domingo.

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