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Columnistas
Sábado 30 de mayo de 2026 - 01:00 AM

En Colombia, por ahora, no hay con quién

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Las grandes manifestaciones que se presentaron entre 2019 y 2021 fueron un campanazo de alerta para los grandes poderes. Millones de colombianos se expresaron en contra de nuevas reformas tributarias, el alza del precio de los combustibles, los inequitativos TLC, la corrupción rampante y la falta de garantías del estado para la protección de la vida de los líderes sociales y los colombianos en general.

El pronóstico generalizado era que tras ese gran movimiento social un cambio político era inminente. Entonces, ante la ausencia de otras voces políticas que optaron por la ambigüedad en lugar de dar un decidido respaldo a los reclamos sociales, el senador Petro, a pesar de desnaturalizar las razones de las protestas y promover sus expresiones más anárquicas, capitalizó el descontentó ciudadano.

Posando en primera vuelta de rebelde anti establecimiento, y en segunda de manzanillo institucional, Petro fue el elegido por los grandes poderes para “apagar el volcán”, papel de bombero que no consistió en cambiar las políticas que ocasionaron las protestas, sino en apaciguar las fuerzas sociales que las refutaban.

En cumplimiento de su rol, el gobierno de Petro se dedicó a cooptar amplios sectores del movimiento social, cultural, sindical y de la opinión pública, mientras en paralelo, aumentó el precio de los combustibles, mantuvo los dañinos TLC, aumentó la deuda pública en más de 50 por ciento (al pasar de $799 billones de pesos a $1.238), recortó la inversión social de $12.9 billones en 2022 a $8.9 billones en 2024 e impulsó una reforma laboral para fomentar la intermediación, la subcontratación, la flexibilización de la jornada ordinaria, la eliminación del domingo como día de descanso y la eliminación de la tutela para reclamar la estabilidad laboral reforzada. (Galeano, 2025).

Ante el nefasto legado de este gobierno, resulta muy desafortunado que ninguna de las candidaturas presidenciales proponga verdaderos planes de desarrollo por fuera del modelo de atraso que Estados Unidos ha trazado para Colombia. Todos coinciden en continuar con la inversión extranjera como variable principal de la economía y la orientación hacía el sector externo y ninguno habla de la importancia del ahorro nacional y el mercado interno para corregir la situación de adicción del país al dólar.

Mientras unos candidatos como De la Espriella se muestran más defensores de los intereses extranjeros que de los nacionales, otros como Cepeda, utilizan la misma retórica engañosa al estilo de Petro y Delcy Rodríguez, para aparentar la defensa del interés nacional, pero en la práctica obedecer a poderes externos.

Aunque duele decirlo, en esta oportunidad “no hay con quién” y todo indica que se cumplirá la máxima que repetía Antonio Caballero en sus columnas “en Colombia todo presidente es peor que el anterior”.

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