La primera infancia es un pilar clave para el futuro de cualquier sociedad y en Santander, urge darle un reconocimiento real. No es suficiente con promover programas de atención para los niños; se requiere fortalecer la formación de quienes cuidan, acompañan y educan en esa etapa inicial.
El departamento santandereano tiene un reto doble. Por una parte, existen programas de formación técnica en atención a la primera infancia, como el del Instituto Infortec en San Gil, que capacita para roles de auxiliar preescolar, madre comunitaria o recreacionista infantil. Adicionalmente, la Universidad de Santander (UDES) ofrece el técnico laboral en auxiliar de educación para la primera infancia, con un programa de tres cuatrimestres y un alto componente práctico.
Aún así, el panorama general nos muestra señales que no podemos pasar por alto. Un informe de Vanguardia reveló que 45 de los 87 municipios de Santander tienen una cobertura muy baja de educación inicial, con algunos, como Vetas, alcanzando apenas el 4,9 % de niños en atención inicial. Esa brecha no solo evidencia que muchos niños no están siendo atendidos, sino que muchos servicios podrían operarse con personal poco capacitado, por falta de formación o incentivos.
En contraste con ese déficit, hay esperanza: la UDES, en alianza con CINDE y con el apoyo del ICBF e ICETEX, graduó en diciembre de 2024 a 18 nuevos magísteres en “Primera Infancia, Educación y Desarrollo”. Estas profesionales están altamente cualificadas para contribuir significativamente a elevar la calidad del cuidado infantil en la región.
Además, la Gobernación de Santander ha avanzado en el registro de prestadores de educación inicial mediante el RUPEI (Registro Único de Prestadores de Educación Inicial), lo que fortalece la supervisión y calidad de los espacios de atención infantil.
Vale la pena destacar el programa de Comfenalco Santander para la Atención Integral a la Primera Infancia, que no solo presta atención educativa, sino que entrena agentes educativos con formación en juego, literatura, salud y nutrición, potenciando un enfoque integral del cuidado. 
Este contexto mixto —formación técnica y magisterial, pero baja cobertura en muchos municipios— nos exige reflexionar. La profesionalización debe ir acompañada de una política pública determinada a garantizar que haya cuidadores capacitados en cada rincón de Santander, especialmente en zonas rurales y vulnerables. No basta con que existan programas: deben llegar a quienes más los necesitan.
Invertir en la calidad de la formación de los agentes de primera infancia no es un gasto, sino una inversión estratégica. Cada técnico capacitado, cada madre comunitaria formada, cada educadora con maestría es una garantía de que los niños y niñas de la región tengan un comienzo más justo, más cuidado y más digno.
Si queremos un Santander con futuro, empecemos por fortalecer a quienes cuidan hoy.












