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Lunes 24 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

La ciudad de los “contraticos”

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Soñando con una ciudad como debe ser, con alegría, con sol y nubes, con bosques, con aves, con pericos cantando, donde se pueda caminar. Esa es la ciudad que queremos y buscamos. No queremos la ciudad que ha ido perdiendo parte de su sol, parte de su frescura y, por las noches, parte de sus estrellas.

Nadie mira ya al cielo, todos andamos mirando el celular o mirando al piso para no caer enredados en los andenes tan desiguales que tenemos en la ciudad “bonita”, mi ciudad. Andenes tan desiguales como la sociedad.

Eso queremos: que la ciudad sea el centro de reflexión para construir una Bucaramanga concertada, y no la urbe que ahora es: llena de insolencia, agresión y, sobre todo, de corrupción, que va “arrasando sus arbustos”, espantando “sus gorriones”, con “salvas diarias de veneno”.

Las soluciones para su inseguridad no aparecen sino como fórmulas electorales que no han dado los resultados esperados: “La ola de violencia en Bucaramanga tuvo notoria escalada, así lo confirmó el alcalde encargado Javier Sarmiento durante el desarrollo de la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales)”. Vanguardia, 11 de noviembre de 2025.

Según el alcalde encargado, hasta el 14 de diciembre Bucaramanga se ha convertido en un corredor nacional estratégico del delito, con crecimiento de bandas organizadas y sicariato, que “convierte a la ciudad en un eje crítico”. Hay un aumento del 7 % en los homicidios entre enero y noviembre, agrega Vanguardia.

El dinero destinado para el Fondo de Vigilancia y Seguridad de Bucaramanga es insuficiente y están fuera de servicio “208 cámaras de las 808 que están instaladas en los espacios públicos de la ciudad”. A nadie se le ha ocurrido convocar a la juventud a construir ciudad con disciplina, con las fuerzas armadas y las artes, con consignas que creen un solo cuerpo social.

Tampoco hay solución para su movilidad, pues se improvisa demasiado (se traen buses viejos y alquilados que ya comenzaron a fallar); se sacrifican recursos y los espacios comunes e históricos sin llegar a encontrar una solución eficaz y amigable a su congestión.

Metrolínea, ese que tanto defienden algunos (menos los usuarios), le ha costado a Bucaramanga “más de $600 mil millones en deudas, con un costo de saneamiento de $1 billón”. Ni en un país de ricos se dan ese lujo.

El desdén por lo público se mantiene en todo: no se hacen parques como los tienen otras ciudades del mundo, sino “parquecitos”. ¿Por qué no renovamos el centro de la ciudad comprando casas viejas y sembrando árboles? No más “parquecitos”. Pensemos en grande. Es tiempo de cambiar esta peste politiquera que no hace sino “contraticos”.

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