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Miércoles 03 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

El dolor: Un asunto de mente, corazón y cultura

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En el mundo hay múltiples intentos de crear algún tipo de dispositivo que mida el dolor. Se han intentado incluso trajes especiales que miden pequeños cambios en algunos parámetros como los latidos del corazón o la sudoración, tratando de objetivar la medición del dolor. Sin embargo, todos estos experimentos han fallado, y hasta ahora no tenemos ningún tipo de dispositivo que, como un termómetro, pueda medir el dolor.

La máxima autoridad en el mundo del dolor, la IASP (International Association for the Study of Pain), lo ha definido como una “experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a un daño tisular real o potencial, o descrita en términos de dicho daño.” Es decir, el dolor es una experiencia subjetiva que se refiere como desagradable y que se expresa en términos de daño de un tejido. Por ejemplo, cuando tenemos un dolor de cabeza muy fuerte, solemos decir: “es como si se me fuera a estallar”.

Esta definición es válida también para los “dolores del alma”. Cuando rompemos con una pareja que amábamos mucho, decimos que nos “rompieron el corazón”.

En todos los casos, el dolor es inherentemente subjetivo. Y aquí viene algo interesante: lo que realmente expresamos como dolor es el sufrimiento que este nos produce. El sufrimiento es nuestra reacción personal e integral frente a eso llamado dolor.

Para acabar de completar la dificultad de entender el dolor, existen poderosos componentes emocionales asociados a él que lo magnifican o lo disminuyen. Y aunque nos resistimos a aceptarlo, casi todos los hemos usado alguna vez. Por ejemplo, cuando no queríamos ir a una reunión y teníamos un dolor, este se suele magnificar para evitar eso que no deseamos.

Existe un tercer componente que hace aún más difícil de interpretar eso que llamamos dolor: los componentes culturales. Es la forma en que nos enseñaron desde pequeños a comportarnos frente a una molestia o lesión. Por ejemplo, en nuestra sociedad, los hombres y las mujeres suelen tener una educación diferente sobre cómo comportarse frente al dolor. En las mujeres se permite ser mucho más expresiva, incluso llorar en público, cosas que a los hombres difícilmente se les tolera o acepta.

Todo lo anterior hace que la evaluación de eso que llamamos dolor sea bastante complicada. Pero entender esta distinción (Dolor vs. Sufrimiento) hará que se nos facilite comprender nuestros propios padecimientos y que, al racionalizarlos, podamos enfrentarlos de una mejor manera, y aunque no podamos eliminarlos si podemos modularlos.

No podemos elegir no sentir el dolor, pero sí podemos elegir no ser cautivos del sufrimiento. La llave de nuestra liberación no está en el cuerpo, sino en la mente.

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