Las campañas finalizan con las elecciones; los gobiernos comienzan con datos. Por eso, el verdadero primer acto del presidente electo Abelardo de la Espriella no será un decreto ni un nombramiento, sino el empalme con el gobierno saliente. De la rigurosidad de ese proceso dependerá, en buena medida, la capacidad del nuevo gobierno para responderles a los colombianos desde el primer día.
Un empalme no es un escenario para ajustar cuentas ni una comisión de justicia paralela. Tampoco puede convertirse en un espacio para construir narrativas políticas. Su propósito es mucho más trascendental: establecer con rigor técnico cuál es la situación real del Estado que recibe el nuevo gobierno.
Las cerca de 1.300 personas del empalme, bajo la coordinación del vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, tienen una enorme responsabilidad. Su tarea consiste en construir una línea base objetiva sobre las finanzas públicas, la seguridad, la salud, la educación, la infraestructura, los programas sociales y los proyectos estratégicos. Entre las primeras labores estará verificar la grave advertencia de la Contraloría sobre un déficit cercano a los $303 billones en el Presupuesto General de la Nación de 2026.

Por otra parte, el nombre de “Empalme Anticorrupción” corre el riesgo de desdibujar su verdadera naturaleza y convertir un ejercicio técnico en un debate político. Está claro que, si durante el empalme aparecen posibles hechos de corrupción, deberán documentarse y ponerse en conocimiento de las autoridades competentes. Los equipos de transición no son la Fiscalía, la Contraloría ni la Procuraduría; su deber es recopilar información, verificar datos y entregar una radiografía objetiva del Estado. En un país profundamente dividido, conviene evitar la polarización y no victimizar a Petro, aún presidente.
También ha llamado la atención el anuncio de destinar 60 millones de dólares para este proceso. Un empalme de esta magnitud requiere equipos especializados, herramientas tecnológicas y recursos suficientes para hacer un trabajo serio. Sin embargo, en medio de las estrecheces fiscales que enfrenta el país, la cifra es alta, así los regale el BID. Entonces, deberán administrarse con absoluta austeridad y transparencia, de tal forma que sobre.
Lo verdaderamente importante es que los colombianos conozcamos, sin maquillajes ni exageraciones, cuál es el punto de partida del nuevo gobierno. Solo así será posible evaluar con justicia sus resultados y distinguir qué dificultades fueron heredadas.

Entonces, el mejor legado del empalme no será encontrar culpables ni decir que estamos mal, porque eso ya lo sabemos y por eso perdieron, sino determinar qué tan mal estamos y, a partir de ese diagnóstico, desde la hora cero, trabajar por la recuperación del país.
Solo quien conoce con precisión el país que recibe puede responder, sin excusas, por el país que prometió mejorar, y afortunadamente en esa dirección camina el presidente Abelardo.










