Magazín cultural
Sábado 04 de julio de 2026 - 02:07 AM

Pintar para cuidar: el arte del ‘profe Wilson’ es con propósito

A través de sus pinturas, Wilson Mantilla Blanco encontró una forma de convertir el arte en mercados, cuadernos, balones y oportunidades para sus ‘angelitos’.

Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA
Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: Felipe Jaimes Lagos

Después de conducir por unos cuantos kilómetros los caminos de tierra rojiza y bajo el incesante sol que reciben las cadenas montañosas que rodean al municipio de Los Santos, lo primero que se escucha al bajar del auto es “¡Buenas, profe!”. Un saludo con cierto entusiasmo y cariño dirigido a Wilson Mantilla Blanco, quien no estudió para ser docente.

De hecho, este ‘profe’ tiene ‘la colección Panini de oficios’ debido a que por épocas transportaba pasajeros en el taxi de su padre, el militar Samuel Mantilla, y en otras ocasiones llevaba a su casa a quienes hacían mercado en la plaza de La Concordia en un pintoresco Simca. Ambas labores de conducción las realizó para costear sus estudios de Arquitectura durante cuatro semestres y posteriormente en Administración de Empresas y Derecho.

Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA
Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA

No obstante, dentro del aula y gracias al Maestro Quiroga, quien dictaba la materia de Expresión I en la facultad de arquitectura de la Universidad Santo tomás, recibió el llamado de lo que sería la pasión de su vida: “chino, púlale todo lo que pueda al dibujo, porque usted es bueno”. Tal consejo metió a un joven Wilson al mundo de la acuarela, el pincel y los lienzos.

Las primeras obras que realizó no sólo quedaron para el recuerdo, sino que también se convirtieron en moneda de cambio para costear los semestres de la universidad nocturna. “Lo que más tenía a mis 18 años era lo ‘cositero’ y por eso creo que se me dio bien aprender a pintar”, afirma Mantilla. Pero de la lección a la perfección hay un largo camino que sólo se traza con práctica, esfuerzo y más práctica.

Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA
Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA

Por un largo tiempo, lleno de cambios de trabajos e incluso roles en el hogar, las acuarelas estuvieron guardadas y los pinceles se mantuvieron secos. Sólo se utilizaron para uno que otro encargo que llegaban de compañeros de trabajo o conocidos. En ese periodo de tiempo, la poca obra que llevaba su firma contaba con inscripciones de los años 1994 o 1996.

“Si mira las caras en esa Última Cena, puede ver que todos tienen la cara alargada y es una proporción extraña. Tal vez el artista quería mostrar sus rasgos propios en los apóstoles” comenta entre risas el maestro Wilson Reyes al observar el cuadro que reposa en uno de los muros del apartamento de doña Carmen Blanco, madre de Wilson Mantilla.

Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA
Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA

Doña Carmen, oriunda de las tierras de Los Santos, dictó clase a los jóvenes y no tan jóvenes estudiantes rurales de la vereda La Laguna. A sus escasos 16 años se encargaba de enseñar suma, resta, singular y plural a niños entre los seis y 17 años. Del nombre de la vereda ya no queda nada, debido a que la tierra se caracteriza por ser árida y compacta, el verde que se ve es mayormente gracias a cultivos de tabaco.

Pero precisamente en esas tierras distintas al asfalto de ‘la ciudad bonita’, un grupo de estudiantes de la Universidad Cooperativa de Colombia realizó una subasta pedagógica para aprender sobre conceptos de oferta y demanda. ¿Quien lideró esa disruptiva idea? “Gracias por la ropa y los peluches, profe” A sol de hoy, aún le recuerdan y agradecen al profe Mantilla por aquella jornada que reunió casi 200 personas con el fin de recolectar ropa para los habitantes y dinero para la construcción de la primera capilla hecha en piedra en todo el país: la capilla Nuestra Señora del carmen a la entrada de la vereda La Laguna.

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Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA
Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA

La labor de la docencia parecía ser suficiente para aportar un ‘granito de arena’ en la construcción de un mejor país. Sin embargo, cuando las aulas cierran indefinidamente y una extraña enfermedad protagonizó la mayor noticia mundial, los viejos lienzos empolvados se convirtieron en la manera de recordar lo verdaderamente importante en la vida de Wilson: seguir un propósito.

A partir de la pandemia de 2020, el arte se tornó en el medio para transmitir ideas, sentimientos y hasta propuestas. “En este país tan marcado por la violencia nos ponemos de acuerdo en muy pocas cosas y una de ellas es el fútbol, por eso pinté los retratos de conocidas personalidades asesinadas como Jaime Garzón, Miguel Uribe o Luis Carlos Galán, junto a un futbolista celebrando” explica el ‘profe’ que aspira ser maestro artístico.

Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA
Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA

La mirada severa y fuerte de un viejo ‘Quijote’ tocando el tiple, la impresionante vista del cañon del Chicamocha, la mansa sonrisa de campesino santandereano e incluso el cabello rebelde del perfil derecho de su hijo Juan Diego, son unas de las más de 50 obras que llevan la firma W Mantilla, hechas en técnica de óleo sobre lienzo.

“Afortunadamente tengo mis ‘12 apóstoles’ que siempre han admirado mi obra y apoyan mi proyecto de arte con un propósito”, cuenta el artista de 60 años. Justamente los ingresos obtenidos por cada lienzo no van a sus arcas personales sino que desembocan en mercados, dulces, cuadernos, balones y uniformes escolares para unos ‘angelitos’.

Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA
Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA

Laura Valentina Cañizares Carrillo es una de esos ángeles a quienes Wilson visita. A sus 13 años presenta un problema crónico en la movilidad de su pierna izquierda. Su padre Isaías Cañizares es ayudante de un taller de calzado y su madre Cristina Carrillo se la ‘rebusca’ vendiendo tinto sobre la calle octava, cerca al parque de Piedecuesta. Hay meses en donde el dinero recogido no alcanza para cubrir necesidades básicas, pero las pinceladas de amor y compasión de Mantilla les han dibujado una sonrisa de alivio en sus rostros.

Unos dos kilómetros adelante del Mercado Campesino de la Mesa de Los Santos, revolotea otro ángel. Uno parlanchín y lleno de carisma. Su nombre es Simón y a sus escasos 5 años ya llenó el ‘Panini Coca cola’, una especie de álbum que dibujó en su cuaderno y donde pega láminas de jugadores. Tal pasión y creatividad cautivó a Wilson Mantilla, por eso no ha dudado en llevarle dulces, balones y cuanta cosa necesita la familia del pequeño Simón, a quien conoce desde que nació en la vereda Linderos.

Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA
Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA

“¡Ah! Usted , es el hijo del sargento Samuel Mantilla. Él era compadre de mi papá” así reconocen al artista en el Hogar del Anciano San Antonio de Padua. Lugar en donde la visita se hace con buen pan o una gran carga de implementos de aseos al ‘estilo Mantilla’ como lo diría ‘el famoso profe de Los Santos’. Cada final de año, Wilson junto a su maestro y tocayo, Wilson Reyes, se reúnen en un bingo para recolectar los recursos para llevar regalos de navidad e implementos para los adultos mayores que viven en ‘la otra cara de la mesa’, la que no son haciendas ni restaurantes campestres.

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Por más que su labor principal no sea el arte y que tampoco refleja un ingreso personal, “pintar es lo que me emociona, a lo que yo quisiera dedicarme. Pero no solo. Va de la mano con un propósito social y quiero juntar mi obra artística con mi obra social” afirmó antes de despedirse de las tierras rojizas de las veredas donde nacieron sus padres y donde concentra sus esfuerzos por ayudar a quien lo necesita. Premisa dictada por Jesús, el mismo a que el maestro Mantilla le ha dedicado retratos al óleo.

Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA
Pinturas, Wilson Mantilla Blanco. Foto suministrada/VANGUARDIA

Terminada la obra social, Wilson sube a su auto. Ya saludó al compadre de la finca más alejada, a la comadre de 96 años que está en cama, a las mejores estudiantes de la escuela rural, al joven talentoso del acordeón, a Laura Valentina y su familia, al pequeño Simón que estaba pateando su balón, pasó por la hermosa capilla en piedra. Ahí rezó un rato de rodillas, dispuso un momento para ver qué cuadros estaban exhibidos en los muros y tomó ruta hacia Bucaramanga, porque debe sentarse de nuevo frente al caballete para poder llevarle regalos a todos sus amigos especiales que ha conocido gracias al arte con un propósito.

Publicado por: Felipe Jaimes Lagos

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