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Viernes 12 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

El tránsito vehicular y las fotomultas

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Recientemente tuvimos la oportunidad de viajar a dos ciudades en donde el sistema de cámaras de vigilancia para el cumplimiento de normas de tránsito funciona muy bien y sorprende la forma como la gente se comporta al conducir sus vehículos.

Lo primero es que la velocidad está regulada en las ciudades entre los 50 y 80 km debidamente marcados, definiendo la velocidad a la que se debe transitar y observamos cómo las gentes cuando van a pasar delante de las cámaras reducen la velocidad hasta el límite permitido y luego aceleran un poco, solo que, como la distancia entre cámaras es muy poca realmente lo que se puede exceder el límite de velocidad es mínimo.

Si al pasar se viola el límite el exceso queda registrado mediante una fotografía del vehículo y días después le llega al propietario la multa correspondiente.

Esto demuestra que en materia de comportamiento social la fórmula de zanahoria y garrote es muy efectiva, sobre todo la del garrote porque al parecer lo único que obliga a las personas a cumplir la ley es golpearles el bolsillo y de esa manera hacerles entender que deben cumplir so pena de que al no hacerlo vaya perdiendo dinero.

Igual sucede con el parqueo en zonas no permitidas y en general con el cumplimiento global de las normas establecidas, lo cual ayuda a hacer más fluido el tráfico a pesar de la cantidad de vehículos o la estrechez de las vías.

Desde luego, en países indisciplinados como el nuestro donde si no hay autoridad no hay ley que cumplir, este modelo encaja perfectamente y por lo tanto debe imponerse con coraje y determinación; y si bien al principio puede causar resquemores la gente terminará acostumbrándose, como sucede en Bogotá donde ha empezado a implementarse y ya se ve como la gente regula su velocidad a la permitida a efecto de no ser sancionados, aplicando el principio de la primera por experiencia y las demás por sinvergüenza.

Bucaramanga necesita a gritos este modelo; nuestro tráfico ha empezado a parecerse al de Calcuta, en donde cada quien hace lo que le da la gana precisamente porque tiene la seguridad de que si no hay un policía a la vista nada pasará; si no párese en una esquina y observe y se convencerá, si es que aún no lo está.

Se necesita una autoridad con pantalones y la verdad todos los candidatos afirman que los tienen, solo que cuando llegan al puesto parece que se les caen y el caos sigue igual y lo más grave cada vez peor hasta que llegará un momento en el que definitivamente no se podrá transitar.

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