Como estamos en la tierra de realismo mágico y surrealismo trágico, presento esta lista de regalos, empacados en papel reciclado de los acuerdos de paz.
Miguel Polo Polo: Un espejo retrovisor de 360 grados, para que pueda ver por fin de dónde viene y deje de chocar contra su propia sombra.
María Fernanda Cabal: Un curso de “Geografía para Principiantes” donde le expliquen que la Unión Soviética ya no existe y que el socialismo no está debajo de su cama.
Paloma Valencia: Un silenciador de alta fidelidad, no para callarla, sino para bajarle a ese grito de guerra que pone a vibrar hasta el cristal de las notarías.
Iván Duque: Una guitarra de aire y un manual de “Cómo ser un expresidente sin que nadie se dé cuenta de que ya no está”.
Vicky Dávila: Una encuesta de intención de voto donde ella gane por 120 %, realizada por el gremio de fabricantes de portadas apocalípticas.

Abelardo de la Espriella: Un pañuelo de seda bañado en oro para secarse las lágrimas cada vez que un cliente le recuerda que la humildad es gratis.
Gustavo Petro: Un reloj de arena que no se detenga, para ver si por fin logra llegar a tiempo a una cita o, al menos, al final de un discurso.
HP Hernández: Un trípode profesional de titanio, para que sus gritos de indignación en Youtube no salgan movidos mientras busca el próximo clic.
María Andrea Nieto: Un tablero de “El Control” donde todas las fichas sean de la oposición y ella siempre tenga el dado cargado.
Luis Carlos Vélez: Un curso intensivo de “Periodismo para Dummies: cómo preguntar sin responderse uno mismo”.
Carlos Antonio Vélez: Una pizarra táctica para explicar por qué el fútbol era mejor cuando los jugadores no corrían y él siempre tenía la razón.
Néstor Morales: Un ejemplar de “El Flecha”, de David Sánchez Juliao, para que entienda la diferencia entre monólogo y entrevista.
Juan José Lafaurie Cabal: Una tarjeta débito para retirar cuatrocientos millones de pesos para sus gastos agropecuarios.
Yesid Lancheros: Unas rodilleras, un manual de ética y un suministro ilimitado de tinta roja para titulares, por si se acaba el inventario de pánico.
Pacho Santos: Un kit de “Mi Primer Experimento con Electrodos”, para que pueda seguir soñando con soluciones eléctricas a problemas sociales.
Álvaro Uribe Vélez: Una hamaca tejida en hilos de impasibilidad, para que descanse de tanto trino y de tanto “buen muchacho” que le salió torcido.
Iván Cepeda: Un maletín lleno de paciencia budista, para aguantar cuatro años más de ser el “enemigo público número uno” de las redes.
Revista Semana: Un detector de humo, para cuando sus portadas empiecen a quemar de tanto incendio que intentan provocar.











