El primer crash test dummy, esos maniquíes utilizados para pruebas de impacto en accidentes automovilísticos, se hizo en 1949. El muñeco ha salvado incontables vidas, principalmente, de hombres.
¿Por qué? Porque solo hasta unas semanas, 77 años después, se anunció la creación e incorporación de un test dummy basado en un cuerpo femenino real.
Antes, se usaba una versión más pequeña del maniquí masculino para simular la presencia de mujeres, y en la gran mayoría de casos se ponía de copiloto, nunca conduciendo.

Este sesgo en el diseño metodológico de las pruebas ha causado innumerables muertes y heridas graves a mujeres.
Por ejemplo, las mujeres tenemos un riesgo mucho más alto de morir en un accidente, no por la colisión en sí, sino al ser desnucadas por el airbag cuando este se despliega.
Esto tiene nombre, androcentrismo: la tendencia a universalizar la experiencia masculina, equiparándola con “lo humano”, mientras lo femenino queda relegado a lo particular, lo misterioso o lo anecdótico.
El lenguaje mismo lo delata: hablar de la “historia del hombre” es hablar de la humanidad entera; la “historia de la mujer” es otra cosa, algo menos relevante, más marginal y anecdótico.
El crash dummy femenino no es entonces una excepción, sino un síntoma.
De hecho, solo hasta 1993 las mujeres fuimos sistemáticamente incluidas en estudios clínicos de enfermedades, nuevas medicinas, vacunas, y demás avances médicos.
Las consecuencias no son simbólicas. Por ejemplo, los infartos en mujeres tienen síntomas distintos a los “clásicos” (léase de los hombres). Durante años, estos signos fueron ignorados o minimizados, con resultados fatales: aún hoy, las mujeres tenemos entre 30% y 50% más de riesgo de morir por infartos no diagnosticados que los hombres.
Tener un crash test dummy femenino es, sin duda, una buena noticia. Pero también debería invitarnos a preguntarnos qué otras ciencias, políticas y diseños de la vida cotidiana siguen partiendo de cuerpos y experiencias que se asumen universales cuando no lo son.
Superar el androcentrismo implica algo simple y a la vez profundamente radical: valorar y cuidar la salud, el bienestar y la vida de todas las personas por igual.










