Vienen las épocas de asambleas generales de copropietarios, momento en el que algunas personas conflictivas generan deterioro en las relaciones entre vecinos y la administración de la persona jurídica de la propiedad horizontal. Describamos algunos de estos comportamientos: 1. Aquel que se dedica a injuriar las actividades realizadas por los consejos de administración y los administradores, sin tener ningún fundamento para sus acusaciones, atentando contra la reputación de personas que solo están prestado un servicio. Genera críticas malintencionadas, sin recurrir a los canales directos. 2. Quien realiza críticas por las obras no ejecutadas y/o que no fueron presupuestadas y que, al momento de aprobar el presupuesto, pone obstáculos con excusas relacionadas con los costos. 3. El que critica a los miembros del consejo, pero nunca participa en dichos órganos. 4. Quien pide información constantemente, ignorando la política de habeas data de la copropiedad. 5. Aquel que satura al administrador con derechos de petición constantes, donde muchas de las solicitudes corresponden a informaciones inocuas, retrasando las labores administrativas del edificio. 6. El que polariza el entorno del edificio o conjunto, ignorando que los intereses son comunes para todos. 7. Los miembros de consejo de administración que, con actitudes prepotentes, asumen una posición de poder, olvidando que su función es auditar y vigilar que la persona jurídica cumpla sus fines. 8. El que, con teorías acomodadas, busca imponer sus decisiones y opiniones, vulnerando el derecho colectivo de los demás copropietarios. 9. Los miembros de los comités de convivencia que, en vez de ser los líderes en resolución de conflictos, propician críticas que generan barreras de socialización. 10. El administrador que olvida sus funciones gerenciales y termina persiguiendo, sin fundamento, a copropietarios y residentes.
La asamblea de este año, que probablemente estará un poco tensa por los incrementos presupuestales y por los múltiples cambios que se requerirán hacer en la propiedad horizontal —y que no son culpa de los administradores ni de los copropietarios —, necesita que el ambiente que se genere desde un comienzo propicie la empatía, la buena comunicación y el trabajo en equipo, con el fin de llegar a decisiones certeras, buscando la conservación de la inversión inmobiliaria y calidad de vida que hemos construido hasta ahora.
Acordémonos que, de acuerdo con análisis ya realizados, cuando la convivencia y la tolerancia disminuye en la propiedad horizontal, en la misma proporción disminuye el valor de nuestros inmuebles.












