El sistema electoral volvió a demostrar que ofrece garantías suficientes. A medida que avanza el escrutinio las críticas disminuyen gracias al trabajo de las comisiones escrutadoras y de los testigos electorales.
La Registraduría cumplió. El preconteo, a cargo de los jurados de votación, fluyó y el resultado de las consultas y la conformación del Congreso se conoció pronto. Al final del ejercicio puede haber diferencias, pero el resultado definitivo lo determinan las comisiones escrutadoras. Por eso hay que esperar que el escrutinio concluya.
Volvimos a demostrar que la nuestra es una democracia sólida, en la que el sistema ofrece garantías suficientes en términos de seguridad, transparencia y trazabilidad.
Claro, no falta el que aprovecha la oportunidad para desinformar. Es normal que en los formularios E–14 se detecten errores. La labor de los jurados de votación no es infalible. La jornada es extenuante y el cansancio no es un buen aliado en una tarea que demanda de mucha atención.
Errores los hay. Es usual que un mismo voto se contabilice varias veces. Cuando el elector marca el logo del partido y la casilla del candidato es un solo voto, que cuenta para el partido para efectos del umbral y se le aplica al candidato en las listas con voto preferente para reorganizarla y establecer el orden de elección. Pero es un solo voto, no dos.
La ecuación es simple: en una mesa no puede haber más votos que electores. No es mala intención. Es simple falta de atención.
Y como el resultado también es importante, vale la pena destacar varios aspectos.
El resultado de la Gran Consulta por Colombia, por ejemplo. Cerca de seis millones de colombianos la votaron. Un número importante que pone a la candidata que la ganó con un poco más de tres millones doscientos mil votos en una posición muy favorable de cara a las elecciones presidenciales.
El triunfo del partido de gobierno. La votación por las listas del Pacto Histórico le permite tener las bancadas mayoritarias en Senado (25 de 100 senadores) y Cámara (37 de 161 representantes). Están lejos del número mágico (52 en el Senado y 92 en la Cámara), pero inician con un buen plante.
El Pacto Histórico volvió a dar ejemplo de unidad y disciplina. Desconocerlo no es necedad, es torpeza. En Santander, el año pasado la consulta la votaron 75.458 personas; el domingo, la lista cerrada a la Cámara la respaldaron 140.771 santandereanos. Lograron una curul y “arañan” la segunda. En Colombia, la diferencia entre los votos del Senado y de la Cámara no alcanza el 2%.
“Atenete y no corrás”, me advertía mamá Yaya, mi abuela materna, cuando quería dármelas de alzado. Ahí les dejo la inquietud.











