El pasado 28 de febrero (hoy hace 25 días) el presidente de Estados Unidos, cediendo ante presiones del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, aceptó que Estados Unidos e Israel agredieran bélicamente a Irán, empezando otro capítulo de una guerra sin fin comenzada en 1979 y, desde entonces, entre tales países ha habido enfrentamientos de todo tipo, diplomáticos, políticos, religiosos, confrontaciones armadas, etc.
Nuevamente el mundo lleva 25 días viviendo una devastadora guerra y, en cualquier momento, ella puede desembocar en un terrible conflicto nuclear. Comentaristas geopolíticos de diverso origen y pensamiento censuran al gobierno Trump por haber atacado a Irán sin estudiar ni planificar las cosas debidamente, actuar sin una estrategia clara, sin suficiente dominio sobre la escalada bélica. Expertos en temas militares vaticinaron que las cosas saldrían mal y así ha sucedido. Las cosas cada vez se parecen más a las amargas experiencias vividas por Estados Unidos en Vietnam, Afganistán, Irak, Libia, Yemen.
Probablemente el ataque bélico a Irán buscaba, estratégicamente, mediante poder aéreo y un rápido ataque, el cambio de régimen, matar al líder religioso, a los integrantes de la cúpula política y militar y, en “cascada”, tal país quedaría sin brújula e impondrían a un nuevo sha. Los analistas serios consideran que el ataque llevado a cabo fue insensato, los hechos demostraron que desconocían la capacidad del enemigo, su proceder, reacciones, capacidad militar, armamento. ¡Irán llevaba veinte años preparándose para enfrentar tal guerra! Subestimaron, además, el significado que en la fe chiita tiene el martirio y cómo el sacrificado convoca a la colectividad.
Los iraníes son persas. ¿No estudiaron el comportamiento y proceder de ellos durante los últimos cuatro mil o más años?
Estados Unidos, repetidamente, ha incurrido en errores al intervenir militarmente en el Medio Oriente y el Lejano Oriente. ¿Ejemplos? Vietnam fue un desastre. En Afganistán se sumergió en una guerra de 20 años para raparle el poder a los talibanes y hoy estos siguen gobernando. En Irak libró una feroz guerra, derrocó y ejecutó a Sadam Hussein, realizó elecciones, por amplia mayoría ganaron los chiitas, asumieron el poder y se aliaron con los chiitas de Irán. En Libia había cierta estabilidad, derrocaron y mataron a Gadaffy, hoy millones de paupérrimos migrantes libios, sin norte, deambulan por Europa generando crisis sociales.
La historia señala que los iraníes son un pueblo fuerte ante el dolor, duro ante el castigo, guerrero milenario, su fe chiita les conduce hacia el martirio. Estados Unidos los subestimó, creyó que la guerra duraría días, o semanas, estigmatizó a quienes pidieron actuar con prudencia y hoy el planeta puede vivir y padecer una guerra nuclear.












