En medio de la principal celebración católica, la Semana Santa, y cuando millones se centran en las enseñanzas de Jesucristo y su vida en “Tierra Santa”, tres acontecimientos han sacudido la opinión de los creyentes y de aquellos que abogan por la dignidad humana, la libertad de culto y la paz mundial.
El primero de ellos fue la actuación de la policía israelí, que le impidió al Patriarca Latino de Jerusalén, el cardenal Pizzaballa, junto al custodio de Tierra Santa, padre Ielpo, ingresar en la Basílica del Santo Sepulcro para celebrar la Misa del Domingo de Ramos. El hecho despertó una ola de indignación.
En un comunicado difundido por el Vaticano se rechazó el incidente, pues “constituye un grave precedente y demuestra una falta de consideración hacia la sensibilidad de miles de millones de personas en todo el mundo que, durante esta semana, miran a Jerusalén”. Agregan que es: “la primera vez en siglos: medida grave e irrazonable, un alejamiento de los principios de la libertad de culto y respeto del Status Quo”. Ante la presión internacional, Israel reversó la decisión.
El segundo hecho que conmociona al planeta es la aprobación en el Parlamento israelí de la pena de muerte, pero solo para delitos cometidos por palestinos. Como lo han señalado varias organizaciones, la medida es una clara violación a los principios de la dignidad humana y la igualdad ante la ley, que Israel se niega a acoger en su ordenamiento.
El tercer hecho que sacude al mundo es la declaración del presidente Trump de “devolver a Irán a la edad de piedra, a donde pertenecen”. Acaso, ¿esta no es una amenaza que genera terror? Los chantajes de Trump fueron seguidos de la voladura de un puente cerca a Teherán; así, Estados Unidos e Israel admiten estar atentando en contra de infraestructura y blancos civiles.
Cabe recordar que la guerra inició con la justificación de salvar al “oprimido pueblo iraní”, pero, un mes después, se proponen destruir al mismo pueblo que pretendían salvar. Sin duda, la alianza EE. UU. – Israel se ha convertido en el principal factor desestabilizador del planeta.
La Iglesia católica ha respondido a la iniciativa guerrerista de la Casa Blanca. En contraposición a Pete Hegseth, secretario de guerra norteamericano, quien invocó a Dios para justificar los ataques a Irán, el papa León XIV dijo: “Jesús no escucha las oraciones de los que hacen la guerra” y, en el viacrucis celebrado en el Coliseo Romano, se refirió a los gobernantes que, como Pilatos, “creen haber recibido una autoridad sin límites y piensan que pueden usarla y abusar de ella a su antojo”, frase que se ajusta a las acciones de la dupla Trump-Netanyahu.












