El viernes 1 de septiembre de 2006, a la 1:10 de la tarde, falleció mi padre. Con semejante descontrol, llamé a Alirio Cadena, un hermano en vida de papá, quien me tranquilizó en medio de silencios y sollozos. Me bañé y salí volando para Los Olivos, funeraria ubicada en la carrera 31 #52A-16, barrio Antiguo Campestre. Por estar afiliados a la ACORD Santander, teníamos al día el seguro para toda la familia, incluyendo a nuestros padres. Eran las dos y media de la tarde cuando llegó Javier Mantilla al lugar para acompañarme en papeleos y demás detalles, mientras esperaba a mi hermano Roberto, a mi mamá y a mi esposa Ángela. A los pocos minutos apareció el gerente de Los Olivos, Miguel Ernesto Arce Galvis, quien me abrazó y me dijo: “Pipe, no se preocupe por nada; diga qué necesita y lo hacemos”.
Al hijo de Manuel de Jesús y de Graciela, segundo de siete hermanos y criado en los barrios San Francisco y Mutis, lo había conocido gracias a Carlos Julio Castellanos. Miguel fue un muchacho que, como todos nosotros, jugaba fútbol, baloncesto y trompo en las polvorientas canchas de la ciudad; también practicaba esos deportes en los colegios San Ignacio de Loyola y La Nacional de Comercio, institución en la cual se graduó como bachiller en 1976. Dos años más tarde se matriculó en la UIS para estudiar Ingeniería Industrial junto con César Augusto Guevara, director general de Cajasan.
Miguel Ernesto se mudó al barrio Mutis y allí entabló amistad con Óscar Plata, quien hoy en día es el dueño de La Suprema, y con Pablito Gómez, directivo de Lusitania. Guardaba en su biblioteca personal los libros de García Márquez que se había ganado en 1975, cuando participó en un concurso santandereano de cuento y obtuvo el primer puesto narrando una historia sobre un ermitaño. Escribía en sus ratos libres, se metía de lleno en los estudios de ingeniería e incursionó con fuerza en el teatro junto con Elver Sotomonte, Mario Barajas y Wilson Lázaro, y terminaron convertidos en discípulos de un maestro como Omar Álvarez, alma, vida y nervio del teatro en nuestro departamento. No sobra recordar que fue el fundador del Teatro Libre en Bucaramanga hace 51 años. El maestro Omar ¡es una leyenda! Fue condecorado con la Orden Luis Carlos Galán Sarmiento a toda una vida en el teatro, ¡por si acaso! El doctor Miguel Arce también compartió tablas con ‘Junífero’, uno de los grandes humoristas de nuestro país.
Mientras estudiaba, trabajaba y participaba en actividades culturales. “En el Mutis, conocí al ‘Pirata’ Ferrer y nos hicimos amigos; me alegraba mucho cada vez que hacía goles, era un tremendo delantero. Lo bonito era que los muchachos del barrio se reunían en la cancha para verlo patear al arco; vivimos una época hermosa”. Siempre ha trabajado en el sector solidario con grandes empresas tales como Dancoop, Fondiser y Cooprofesores, entre otras. También fue gerente del Colegio New Cambridge y, desde hace 22 años, es el gerente de Cofuneraria Los Olivos; también es directivo de la Aseguradora Solidaria de Colombia. Acaba de bajarse de un avión porque se encontraba en la ciudad de Cali, ya que la empresa cumplió 50 años de servicio. Este docente de universidades tales como la UNAB, la UCC y la UPB ¡es un ángel! Miguel apareció en el momento más triste de mi vida. Abrió sus alas y bastó un abrazo para sentirme protegido. Es más, hace unos meses falleció doña Nelly Mogollón, la mamá de mi amigo Aníbal Morales; cuando lo llamé, me dijo que no me afanara, que ellos se encargaban de todo. Siempre viste con chaquetas de pana o de paño inglés; tiene pinta de director técnico de la Premier League. Gracias por su cariño, doctor Miguel, y felicitaciones por liderar una empresa que le rinde un homenaje al amor. ¡Usted representa ese amor con lujo de detalles! Un abrazo y que Dios lo bendiga siempre.












