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Columnistas
Domingo 26 de julio de 2026 - 01:00 AM

Un ‘elefante blanco’ en el Senado

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“¿Eso es un elefante?...”. Sí —respondo a mi interlocutora—, es el elefante blanco… “Pero eso no puede ser, ¿cómo lo permiten?” —replica ella—. Pues, a partir de hoy —complemento mi intervención—, es un honorable senador…

Cuando uno cree que lo ha visto todo, aparece un hecho que lo supera, particularmente por su realismo mágico, en esta tierra que nos tocó, en gracia, habitar. Son signos de estos tiempos, suele decirse, apurados para que suene a rápida justificación.

La escena del ingreso del ahora ‘paquidermo’ congresista, el domingo pasado, al Salón Elíptico, caminando por el pasillo central, en medio del absurdo caos que sucede en plano cenital, que, de alguna manera, me recuerda a El jardín de las delicias, la famosa obra del pintor renacentista El Bosco, un tríptico que recrea el bien y el mal, el pecado, los placeres terrenales y el castigo eterno, es una imagen tan irreal como delirante de un acto que, cada cuatro años, ocupa nuestra atención: la instalación del nuevo Congreso de la República.

En medio de esa fauna de tigres, jaguares y abejas, y en el lugar en donde aparecen los micos más desquiciados, ahora ocupa una curul el Elefante Blanco, el alter ego de Luis Carlos Rúa, un ingeniero electricista, en la treintena de sus años, que expuso durante buen tiempo, en sus redes sociales, de manera anónima, las obras públicas sin terminar.

Su historia como denunciante y creador de contenido se remonta a 2019, cuando, siendo contratista de la Alcaldía de Pereira, no dudó en dar a conocer el constreñimiento que el mandatario local del momento ejerció sobre los funcionarios para que votaran por su candidato favorito a sucederlo. Su valentía lo obligó a salir de su ciudad ante el ‘funeo’ del que fue víctima por haberse atrevido a hacer lo que, a juicio de los demás, era una traición.

“En Colombia, denunciar puede costar la vida”, le dijo Rúa al New York Times, en un reportaje en el que destacaron la votación alcanzada en las pasadas elecciones de marzo, cuando, tres días antes de la jornada, reveló su identidad. Su padre, en 2024, murió por cuenta de un accidente en bicicleta al caer en un hueco que, irónicamente, se había cansado de señalar.

El duelo lo animó a insistir en su propósito como activista, por medio de videos en los que registraba aquellas obras que, como el pesado mamífero, se quedan ‘en blanco’, hasta que sus seguidores lo entusiasmaron a lanzar su candidatura al Senado, por el partido Alianza Social Independiente (ASI).

Rúa tendrá que validar, en medio de esa jauría, que su representación ayudará a espantar a tanto animal que ronda por el máximo recinto de la democracia en Colombia.

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