Escribo esta columna desde la ciudad de Rennes (Francia). Vale la pena destacar los importantes desarrollos ambientales, sociales y económicos sostenibles adelantados en este y otros países. Estos confirman que no es difícil hacerlos si existe la voluntad de gobernantes y ciudadanía de lograr mejoras para todos.
Uno de los temas importantes es el transporte. Entre las ciudades francesas existe un eficaz transporte en trenes que registra viajes permanentes, cumplidos, cómodos, seguros y generalmente más económicos que el transporte aéreo. Disponen de vías en buen estado que permiten la circulación eficaz de otros vehículos.
En las ciudades existen igualmente eficientes sistemas de transporte y vías adecuadas. Los buses llegan oportunamente a las estaciones y transportan rápidamente a sus pasajeros. La malla vial permite que muchas personas se transporten en bicicletas o caminando. Muchos profesionales van todos los días en bicicleta a sus trabajos o caminando. Muchos niños y jóvenes van a escuelas, colegios y universidades en bicicleta. Muy pocas motos en las calles y no se registran —por todo lo anterior y más— los frecuentes y catastróficos accidentes que se registran en ciudades y vías colombianas.
Estos sistemas reducen los gastos para las familias y generan reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero asociados a la crisis climática mundial. Al mismo tiempo, el país adelanta importantes programas orientados a consolidar el uso de energías renovables que reemplazan los combustibles fósiles. Y se adelantan programas orientados a reducir la producción de residuos y aprovecharlos a través de la reutilización y el reciclaje. Pude observar un video sobre la reutilización de ropas y juguetes usados que se venden nuevamente a bajos precios en almacenes relacionados.
Igualmente existen en estas ciudades, además de enormes parques con árboles y vegetación, amplias canchas para deportes y grandes espacios verdes en vías y cerca de las viviendas. Se adelantan también programas para reemplazar áreas de cemento y concreto por zonas verdes. Estos espacios han mitigado el impacto de las Olas de Calor asociadas al Super El Niño que afectan la salud humana y ocasionan incendios, sequías, destrucción de bosques, cultivos y viviendas. Además, generan contaminación del aire y emisión de gases de invernadero que atizan aún más la crisis climática mundial. Durante las noches de olas de calor, se autoriza dormir en los parques para mitigar su impacto, que genera muchas muertes en el mundo.
En Colombia, la corrupción generalizada y la deficiente gestión de los gobiernos generan catastróficos efectos que —entre otros— aumentan el desempleo, la pobreza, la inseguridad, el caos urbano, la contaminación y la destrucción de recursos naturales y agrícolas. Esperemos que los gobiernos abandonen sus insostenibles modelos de “antidesarrollo” y permitan el ingreso del pensamiento y el comportamiento racional.










