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Miércoles 27 de mayo de 2026 - 01:00 AM

¿Qué esperar de Cepeda presidente?

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En manos de los electores colombianos se encuentra el futuro de nuestra nación, postrada por el desgobierno populista y socialista de Gustavo Petro. La hipotética llegada a la Casa de Nariño de la continuidad política de Petro, representada por Cepeda, sería la coronación del anhelado sueño de la izquierda radical de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, como hicieron en su momento los sátrapas en Venezuela (Chávez y Maduro), Nicaragua (Ortega) y Ecuador (Correa). Sus delegados serían escogidos mayoritariamente entre las etnias indígenas, negritudes, académicos marxistas, exguerrilleros desmovilizados y unos pocos enchufados del establecimiento. La aprobación de su convocatoria en el Congreso no puede descartarse, pues la administración socialista ya sabe dónde ponen las garzas sus patas de corrupción para la compra de votos y conciencias parlamentarias: la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).

Cepeda no tiene programa de gobierno. No lo necesita: galopa a lomo de la favorabilidad de Petro. Se sabe, sin embargo, que su preferencia por el diálogo y el acuerdo nacional son la tramoya para aterrizar en la Constituyente, que permita doblegar al poder legislativo y cerrar el Congreso, el Consejo de Estado, creado por Simón Bolívar en 1817, y el Consejo Nacional Electoral. Su aprobación en la Corte Constitucional es más difícil, si recordamos que las altas cortes han adoptado 244 sentencias contra los embates autoritarios de la actual administración. No se descarta una enorme presión política y manifestaciones violentas para amedrentar al país y a sus miembros, incluso a los que fueron ternados por este gobierno. En 2028 termina su periodo de ocho años el magistrado conservador Jorge Enrique Ibáñez, con lo cual se abre una peligrosa ventana para cambiar la tendencia política de la Corte Constitucional a favor del gobierno de marras.

Recordemos, por último, que Cepeda está en remisión de sus dos episodios de cáncer: de colon (2018) y de hígado (2022), cuyos tratamientos no garantizan su cura ni impiden su recurrencia (reaparición). De fallecer —Dios no lo quiera—, Colombia se convertiría en la primera nación indígena de América.

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