La lengua española es de una riqueza inabarcable. Si la vigésima tercera edición de su Diccionario tiene 2.312 páginas, los americanismos aportan en su peculiar Diccionario otras 2.333 páginas. Agreguemos las 540 páginas del Diccionario de colombianismos que editó el Instituto Caro y Cuervo y tendremos el testimonio de la infinita capacidad de decir que tienen los más de 635 millones de hispanohablantes que viven en este mundo, sean nativos o usuarios como segunda lengua. Gracias a la distribución de los hispanohablantes en el mundo, podemos viajar por 21 países usando solo nuestra lengua materna.
Solo nos faltaba un Diccionario de los santandereanismos. Pero ya lo tenemos, gracias a la paciencia de don José Antonio Ramírez Gélvez, un bumangués de 77 años nacido junto a las Chorreras de Don Juan. Como buen garlero empleó muchos años de su vida recogiendo en papelitos y libretas las palabras y expresiones de la garlería santandereana, hasta completar 3.500 entradas en 381 páginas. Este es un diccionario mixto, porque juntó palabras del habla santandereana como pingo, alepruz, arremuesco o chingue, con expresiones tales como ¡espere tantico!, viejo cacreco o ¡mucho lo bueno! Fue más allá, al incluir dichos tales como ¡no le pare bolas!, ¡se armó un berenjenal terrible! o ¡se había demorado! Tal como sucede con los americanismos de la lengua española, los particulares léxicos regionales diferencian las hablas populares respecto del habla general castellana, sin que sean originarios de Hispanoamérica. Son el resultado del uso popular de la lengua española, marcado por obsolescencias que remiten a situaciones históricas de un mundo que ya se fue.
La palabra zurrón, por ejemplo, es un santandereanismo que se aplica a los chuecos de mal comportamiento, pero se origina en la palabra vasca que designa la bolsa de pellejo de los pastores, con su deformación por el uso. Lo que produce hoy perplejidad es el empobrecimiento del habla de los jóvenes, reducido a una corta sarta de expresiones soeces, como si en sus casas no oyeran hablar la lengua castellana, enriquecida por la exuberancia de los americanismos. No sean tan pingos, garlen mucho lo pelero.











