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Columnistas
Jueves 28 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Todos sabemos su nombre, que no se nos olvide este domingo

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Todos sabemos su nombre. Sin importar nuestra generación, si estudiamos en colegio público o privado, en entornos urbanos o rurales, todos conocemos el nombre o la mirada de ese niño o niña que vimos sufrir durante años: las burlas, los insultos, el rechazo, la violencia física que soportaron por ser, o parecer, LGBT.

Además, lo cierto es que la gran mayoría de nosotros, por ignorancia o miedo, hicimos poco o nada al respecto.

Este domingo les invito a llevar sus nombres a la mesa de votación, y a recordar dos cosas que sabemos, pero olvidamos fácilmente.

1. Las infancias y adolescencias LGBT existen. Negarlo resulta engañoso e inútil pues nuestra propia experiencia nos muestra que esta realidad la reconocen con facilidad chicos y grandes, quienes usualmente la usan como justificación del maltrato, o, en el mejor de los casos, como motivo de preocupación mal encauzada que lleva a conductas muy dañinas como las mal llamadas terapias de conversión.

2. Todas las infancias merecen protección. En tiempos electorales nos encanta hablar de proteger a los niños. Pero se nos olvida que los adolescentes LGBT son tan merecedores de ese cuidado como los demás, y que también tienen familias que luchan por cuidarles.

Para comprobarlo, les comparto un ejercicio de mis charlas. Le pido al público que se levanten quienes tuvieron un compañero que era, o creen que era, LGBT. Casi todo el mundo se levanta.

Luego les pido que se queden de pie quienes quisieran cambiar su experiencia escolar por la de esa persona. Inmediatamente, todos se sientan.

Es decir: cuando conectamos humanamente con las experiencias de las personas LGBT, fácilmente reconocemos que, más que un peligro para los demás, esos jóvenes son quienes más protección necesitan.

Así que cuando oigan a políticos hablar de proteger a los niños, cierren los ojos y piensen en esa persona. Con ese recuerdo vivo, filtren las arengas que invocan pánicos morales que tienen poco que ver con los niños y mucho con los adultos dispuestos a manipular a quienes queremos su bienestar para cosechar réditos electores. Y, con esa claridad, vayamos a votar.

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