¿Dejaríamos a una niña o un niño recorrer solo(a) una ciudad desconocida? Probablemente no. Sin embargo, algo muy parecido ocurre cada día cuando las infancias navegan internet sin acompañamiento. La falta de guía adulta aumenta el riesgo de que niños, niñas y adolescentes sean víctimas de violencias digitales, mientras como sociedad seguimos siendo espectadores de esta realidad.
Internet no es un espacio neutral. La información que circula allí, así como las interacciones y contenidos disponibles, pueden exponer a las infancias a riesgos que afectan su bienestar emocional, su privacidad e incluso su seguridad física. Aun así, muchas veces se asume que si una niña, niño o adolescente está en su habitación frente a una pantalla se encuentra a salvo, cuando justamente allí pueden materializarse muchos de estos peligros. Las pantallas no pueden asumir la tarea de cuidar y criar.
Acompañar el uso de las tecnologías es una responsabilidad adulta. Las infancias tienen derecho a habitar un entorno digital libre de violencias, que no promueva la autolesión ni genere daños emocionales. Sin embargo, todavía persiste la idea de que la tecnología es un asunto exclusivo de los más jóvenes y que los adultos, por no dominar estas herramientas, pueden apartarse de su función de cuidado. Esta renuncia resulta problemática en un entorno donde las plataformas digitales compiten por capturar nuestra atención y nuestros datos. Entre más tiempo pasamos conectados y más información compartimos, más rentable se vuelve nuestra presencia en línea.
También es engañosa la idea de los llamados “nativos digitales”. Que las nuevas generaciones tengan mayor familiaridad con la tecnología no significa que comprendan plenamente los riesgos del entorno digital, la importancia de la privacidad o la necesidad de desarrollar pensamiento crítico frente a los contenidos que consumen.
La prohibición tampoco es el camino, especialmente en un entorno tan accesible como internet. El desafío está en acompañar sin censurar. Esto implica establecer horarios de uso, conversar sobre con quién se interactúa en línea, acordar consultar antes de compartir fotografías o información personal, conocer las plataformas y videojuegos que utilizan y generar un ambiente de confianza para que niñas, niños y adolescentes puedan hablar cuando enfrenten situaciones de acoso o incomodidad.
En un mundo cada vez más digital, cuidar también significa estar presentes en esos espacios, porque las infancias no necesitan adultos que dominen todas las tecnologías, sino adultos dispuestos a acompañarlas mientras aprenden a habitarlas.












