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Martes 09 de junio de 2026 - 01:00 AM

Santurbán (5): El pacto del agua viva (final)

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El bucle de Santurbán no se rompe con otra cartografía ni con un fallo judicial que pretenda congelar la montaña. Las entregas anteriores desnudaron un territorio fragmentado por la desconfianza: una capital con amnesia histórica frente al Real de Minas que la financió, una institucionalidad que insiste en el error de tratar la complejidad de Soto Norte como un bloque monolítico, y una guerra de verdades donde la ciencia y los saberes locales se miran con hostilidad.

Tras una década de parálisis auténtica, el diagnóstico está agotado. Toca decidir si nos resignamos a la sequía del diálogo o si tenemos la valentía de derretir el hielo. La salida del laberinto exige transitar de la disputa estéril a un pacto de interdependencia. El estudio del Servicio Geológico Colombiano confirmó que el agua es una sola y no reconoce fronteras administrativas. Esa interdependencia ecológica debe reflejarse en la reciprocidad social.

No habrá seguridad hídrica para el asfalto de Bucaramanga si la alta montaña está sumida en la incertidumbre jurídica y el despojo de su identidad; exigir pureza ambiental al páramo mientras se ignora el hambre y el arraigo del pequeño minero ancestral no es ambientalismo, sino indolencia geográfica. Para que la ordenación jurídica de la Corte Constitucional no termine en otro trámite archivado, la salida definitiva debe materializar el Triángulo Ético VRC mediante acciones urgentes.

La Verdad territorial exige abandonar los enfoques globales y aplicar un zoom de alta definición sobre el mapa; la delimitación no puede seguir expulsando al habitante, y reconocer las asimetrías de la calidad del agua entre municipios agrícolas y de tradición minera es el único camino para que las soluciones no pierdan vigencia antes de aplicarse. El Respeto mutuo implica desmantelar la fractura entre expertos y territorio: el modelo isotópico de la academia y la memoria del suelo del nativo son las dos caras de la misma moneda; el diálogo verdadero ocurre cuando el conocimiento técnico no anula al otro, sino que protege su mínimo vital.

Finalmente, la Coherencia institucional obliga al Estado a asumir Escazú como brújula de honestidad radical y no como ritual burocrático; es inviable una política pública que titule tierras con una mano mientras prohíbe la vida con la otra. Santurbán no es una postal contemplativa ni un socavón infinito para las multinacionales; es agua, historia y dignidad.

Romper el bucle significa entender que defender el agua implica defender a quienes la custodian en la cumbre. Solo cuando bajemos el tono del prejuicio y la ciudad recuerde su origen, la palabra compartida fijará un futuro común. Es hora de apagar el ruido, encender la escucha y permitir que el agua viva vuelva a unir lo que la burocracia separó.

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