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Sábado 26 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

¿Qué le diría Sun Tzu a De La Espriella?

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Lo advirtió hace 25 siglos Sun Tzu, el sabio y estratega militar chino autor de El arte de la guerra. Para él, el alarde es un síntoma de debilidad que el adversario sabe leer: “Cuando sus palabras son humildes y aumenta sus preparativos, avanzará. Cuando sus palabras son violentas y avanza como si fuera a atacar, se retirará”.

Lo anterior contrasta con el enfoque del presidente. “Nadie va a hacer paro armado en la era del Tigre”, dijo De La Espriella. Sin embargo, Santa Marta y sus zonas aledañas vivieron 72 horas de parálisis casi total, con comercios cerrados y clases suspendidas por orden de uno de los grupos ilegales que ejercen control a través de su actividad criminal.

Los rugidos del Tigre fueron tan infructuosos para evitar el paro armado como su reciente acto (¿o actuación?) de recorrer Santa Marta con una pistola al cinto, mientras la ciudad vivía horas de zozobra. La imagen se produjo después de que el Gobierno flexibilizara las normas para el porte de armas.

Poco parece importarle al Gobierno que Colombia sea uno de los países más violentos del mundo. En 2025 hubo 14.780 homicidios, una tasa que supera en más de cuatro veces el promedio mundial, y el Índice de Paz Global 2026 nos ubica en el puesto 141 de 163 países: el menos pacífico de Sudamérica, por debajo de Venezuela (133) y Ecuador (135).

Con esta decisión, el Gobierno De La Espriella yerra en dos sentidos. Por una parte, al flexibilizar el porte crea un caldo de cultivo para exacerbar la violencia, por el simple hecho de que habrá más armas circulando. Por otra, la exhibición del presidente armado, en lugar de enviar un mensaje de fortaleza y seguridad, envía el contrario.

Por eso para Sun Tzu, el buen comandante no busca fama. Al contrario: “El general que avanza sin buscar gloria y se retira sin temer el castigo, cuyo único pensamiento es proteger al pueblo (…), es el tesoro del reino”. Muy distinto de un presidente cuyo exhibicionismo va más allá de las armas.

A comienzos de septiembre, el presidente publicó videos y fotos en los que camina entre cadáveres de personas abatidas en operativos militares. La defensora del Pueblo le recordó que “incluso en la guerra hay límites”. Y aunque un juez de Bogotá terminó negando la tutela presentada contra esas publicaciones, lo exhortó a buscar formas menos invasivas de informar sobre los resultados militares.

La seguridad y la convivencia ciudadana no puede quedar sujeta al vaivén de un presidente que gobierna para las cámaras. Colombia necesita una política de defensa soberana, construida sobre el interés nacional y no sobre la vanidad del mandatario de turno.

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