
Publicado por: Alejandro Alvarado
Las Juntas de Acción Comunal, surgieron como idea de Alberto Lleras Camargo para llevar la red de clientela política hasta lo más profundo de los barrios populares. Y funcionó. Buena parte de los comunales se venden por unos cuantos billetes y venden a los electores su comunidad como si fueran vacas. Existen excepciones, obviamente existen; pero por regla general, uno encuentra verdaderas sanguijuelas en las comunidades, que esperan el período electoral para ordeñar candidatos, y en período de gobierno para cooptar lo poco o mucho que puedan sacar del Estado.
La noche anterior, me encontré con un concejal, quien estimo y aprecio con sinceridad. Me contaba que en su ejercicio de campaña, los líderes a quienes había acompañado durante cuatro años, visibilizando sus problemáticas ante la administración municipal, le andaban pidiendo plata, porque las campañas que llenaron Bucaramanga de sedes y vallas no llegan con ideas, sino con dinero a sus nichos electorales.
Las comunidades de bajos recursos son las más afectadas con la corrupción, les roban las oportunidades. Sin embargo, dudo que vaya a cambiar el panorama electoral con esta reflexión. Seguimos siendo un pequeño grupo de privilegiados quienes terminamos informados, pero sin duda, el enemigo para los barrios son sus presidentes de juntas de acción comunal, personas que rinden pleitesía ante la llegada de los patrones en las camionetas blindadas y al mejor estilo narco, imitado por el despliegue de campañas como las de Anaya y Claudia López. Reitero, existen algunos presidentes de juntas con el valor de la honestidad.
Reciban la plata de los bandidos, háganle la fiesta durante el espectáculo, vaya a la avanzada de corte de pelo y pintada de uñas; es lo único que verán de ellos en cuatro años. Después piense en sus hijos, en su miseria; y sepa una cosa, usted, solamente usted es culpable de algo, de no informarse y tampoco votar bien. Para la Alcaldía de Bucaramanga hay opciones, y revisando las hojas de vida elijan. No coman cuento de la trayectoria pública, sino de la integridad; no le coman cuento al vecino analfabeto. Por sus propios medios infórmese, será la única ruta para salir de su pobreza.













