Columna de opinión de Johanna Cárdenas Acevedo, directora de Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos.
En columnas anteriores he compartido algunos comentarios sobre los borradores de planes de desarrollo de Santander y Bucaramanga. Por ello, no quiero dejar de mencionar a Floridablanca, Piedecuesta y Girón; municipios que conforman el área metropolitana y cuyas dinámicas económicas, sociales y ambientales se encuentran estrechamente relacionadas.
Para iniciar, es alentador compartir que las versiones radicadas por parte de los concejos de Floridablanca y Piedecuesta, que inicialmente carecían de indicadores de resultado, fueron ajustadas por parte de las administraciones municipales, lo que resultó en planes un poco más concretos.
Sin embargo, en el caso de Floridablanca, el Plan de Desarrollo se aprobó por parte del Concejo en abril, un mes antes de lo previsto, lo que redujo las posibilidades de hacer sugerencias con miras a su fortalecimiento. Vale la pena señalar que el plan aprobado solo incluyó indicadores de resultado relacionados con el sector salud, por lo que la nueva administración dejó de asumir compromisos en aspectos críticos para la calidad de vida de los florideños.
En contraste, los borradores de planes de desarrollo de Piedecuesta y Girón mostraron un esfuerzo por incluir indicadores de resultado en una variedad más amplia de sectores. Tras una revisión cuidadosa, desde Bucaramanga Cómo Vamos se hicieron observaciones encaminadas a replantear algunas metas e indicadores, así como a verificar cifras utilizadas como línea base, por no coincidir con las fuentes oficiales. Además, aunque hay consenso en torno a ciertas propuestas, se hizo hincapié en la importancia de incluir otros indicadores y metas que significan retos claves para ambos municipios.
Sin embargo, más allá de los aciertos y deficiencias en cada plan, quiero destacar una conclusión fundamental de este proceso: la falta de una visión compartida y la ausencia de colaboración y diálogo entre los equipos de gobierno llevó a un enfoque fragmentado en los planes de desarrollo.
Un ejemplo de esto es que solo Bucaramanga estableció indicadores claros y metas ambiciosas en materia de seguridad, un fenómeno que requiere del apoyo de todos los municipios del área metropolitana. Además, no existen indicadores compartidos en temas como pobreza, informalidad o transporte público. En este escenario, cada municipio priorizó sus necesidad y posibilidades, sin considerar que la mayoría de los desafíos son compartidos y requieren un abordaje colaborativo.
Por ello, insto a las autoridades municipales y al Área Metropolitana de Bucaramanga (AMB) a ejercer un rol más activo, con un liderazgo que permita superar los desafíos actuales y garantizar una articulación efectiva entre los municipios. Solo cuando reconozcamos la necesidad de colaboración y visión compartida, podremos aspirar a una mejora significativa en la calidad de vida de los habitantes del área.












