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Miércoles 24 de junio de 2026 - 01:00 AM

Después de la tempestad...

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...debe venir la calma... Sin duda, la democracia tiene en el cambio de gobierno uno de sus principales momentos, que en Colombia se da cada cuatro años. Cuando se ha aprobado la reelección, sentimos que ocho años es demasiado y, lo más grave, motiva a los gobernantes a perpetuarse.

Las elecciones del pasado domingo fueron la conclusión de varios meses de campaña dura y ruda; todos queríamos que pasaran para superar ese ambiente pugnaz. Una campaña muy agresiva que, a mi criterio, se hizo centrada en descalificaciones personales de los candidatos opuestos y no en lo fundamental: propuestas de soluciones a los enormes retos y el modelo de país que queremos tener. El asesinato de Miguel Uribe Turbay en las primeras etapas fue un grave precedente y el triste fallecimiento del experimentado y maduro candidato Germán Vargas Lleras, igualmente frustrante.

Sobre el Gobierno que termina, las críticas han sido duras por su carácter polémico y de confrontación, además de su incapacidad para controlar la corrupción y la violencia, dos temas que se incrementaron en todos los niveles. En su libro “Colombia después de Petro”, Hernando Gómez Buendía (1945), respetado académico, filósofo y economista, hace el primer ensayo sobre el Gobierno Petro, una interesante radiografía sobre los cambios que tuvo Colombia. La sociedad necesitaba, por décadas, enfrentar la enorme desigualdad social entre personas y regiones, el abandono de zonas que los economistas califican como no productivas y de inversiones sociales no rentables, y muchos ciudadanos no estaban preparados para aceptarlas.

El Presidente saliente acertó en proponer y ejecutar soluciones a problemas estructurales, como la desigualdad y el medio ambiente con energías limpias, pero no buscó alternativas que suplieran la afectación de ingresos para el país del carbón, gas y petróleo. Igualmente, logró priorizar sectores sociales que habían sido históricamente marginados, hechos que desataron una soterrada campaña plena de racismo y caricaturización de nuestra diversidad cultural.

Para el futuro inmediato, el país queda prácticamente dividido en dos partes iguales y la oposición tendrá la delicada función de ejercer un serio control y un seguimiento a la orientación del país, y evitar desbordamientos de poder y retrocesos en las conquistas sociales.

El Presidente Abelardo de la Espriella Otero, a partir del próximo 7 de agosto, ya no será solo el elegido por cerca de trece millones de votantes, sino el Presidente de los 53.936.226 colombianos. Genera, como en todos los inicios de Gobierno, muchas esperanzas, especialmente en Santander, donde obtuvo sin duda uno de sus mejores resultados. Todos esperamos que, siendo la nuestra la cuarta economía del país, tenga las inversiones requeridas, principalmente en infraestructura y, en general, se le dé la importancia y participación que esta región se merece.

Por: Antonio José Díaz Ardila

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