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Martes 11 de agosto de 2026 - 01:00 AM

La meritocracia del Presidente

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Sin duda, el primer acto de corrupción en el sector público es nombrar en un cargo a quien no reúne las competencias mínimas para su ejercicio y, el segundo, obviamente, aceptarlo. Eso de las competencias no necesariamente es lo que diga fríamente una hoja de vida condensada en el rutinario PDF. La responsabilidad también avanza a lo que, en la práctica, ella enseñe. Esta reflexión, que en principio podría ser sencilla e hija del sentido común, es, en verdad, una gigante sombra, una voz silenciosa que no deja dormir a los gobernantes desde el minuto cero.

La meritocracia, en el poder, es enemiga de los compromisos, de la familiaridad, del romanticismo, de los cálculos electorales, etc. Es amiga del pragmatismo. Siempre hemos considerado que “Gobernar es organizar”, es tener la capacidad de poner las cosas en su sitio, perdón, en su justo sitio. Desde luego que la tarea requiere de una férrea disciplina diaria, de un autoexamen progresivo e inclemente que impida que siempre sobre una pieza en el armado del rompecabezas. La meritocracia es la mano invisible que permite pasar del sitio al justo sitio.

La invitación del señor presidente Abelardo De La Espriella a postular hojas de vida, desde la estrategia de caza-talentos y la conformación de su “primer gabinete”, no son dos líneas paralelas, son habitaciones de la misma casa. El nombramiento de la ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación, Claudia Benavidez, es producto de ese ejercicio, que pone la primera piedra en un gesto que puede, lentamente, hacer carrera, no solo en Presidencia, sino también en gobernaciones y alcaldías. ¡¡¡Se imaginan ese día!!! Y, de paso, imaginemos que esa ministra en junio de 2027 sea considerada una de las mejores. El que entendió, entendió.

La meritocracia del presidente es tal vez su más interesante apuesta, es, sin titubeos, sin medias tintas, una declaratoria de lucha contra la mediocridad; una aliada incondicional de la corrupción en el sector público. Atacar la génesis de este cáncer debe ser una tarea de propósito nacional. Una mediocridad que desfila sin Dios ni ley por las oficinas y pasillos de gobernaciones y alcaldías, a lo largo y ancho del país, debe ser atendida sin más dilaciones. En últimas, es el mandato expreso del nuevo presidente. Estimado lector, si usted cree tener los méritos, pues participe, envíe su hoja de vida. Es otra manera de ayudar al presidente y a la cualificación del ejercicio de la vida pública. Es el sueño de toda una generación.

Nota: Señor Alcalde de Bucaramanga y señora Directora del Instituto Municipal de Cultura y Turismo, no olviden que el Teatro Peralta sigue en cuidados intensivos.

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