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Epistolas Laicas
Miércoles 07 de septiembre de 2011 - 07:08 PM

Claudio Gerardo Molina Rosero

Publicado por: Epistolas Laicas

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Este amigo entrañable, esposo ejemplar, hijo amoroso y padre bueno, ha cumplido la cita inexorable con lo eterno. Atendiendo el llamado del Creador, emprendió su viaje sin retorno hacia la patria de los bienaventurados. Nariñense de nacimiento, llegó a Santander y cuando pisó nuestra tierra hizo honor a su nuevo gentilicio de santandereano, al que honró y dio lustre durante su existencia. Industrial sobresaliente, fue el precursor en nuestro medio de una empresa próspera que se ubica en sitiales de honor dentro de la industria nacional e internacional; emporio empresarial que hoy, sus hijos profesionales y dignos herederos de sus virtudes e inagotable tesón, le venían acompañando en el derrotero de nuevos horizontes y en la consolidación de osados y excepcionales proyectos. Recibió las condecoraciones y distinciones máximas que nuestras organizaciones empresariales y gremiales otorgan a sus miembros destacados. La sobresaliente distinción de calidad fue igualmente otorgada a su empresa y otros galardones concedidos hablan por sí solos de la pulcritud de sus principios, de la diafanidad de sus compromisos y obligaciones y de la rectitud de sus propósitos.

Gerardo fue siempre un hombre de bien. Su aspecto de gran corazón, siempre bondadoso y generoso, se traducía en acciones silenciosas que buscaban el bien para sus semejantes. Amó a Nariño, su tierra natal, hasta el delirio y a su segunda patria chica, Santander, le entregó lo más preciado de su existencia: su hogar, sus hijos, su trabajo, su dignidad y su ejemplar comportamiento ciudadano.
Quienes fuimos distinguidos con su amistad y honrados con su aprecio, concurrimos ayer a despedirlo. Flotaba en el ambiente la misma bondad que le fue característica y con la que apaciblemente celebraba los chascarrillos de su tierra, naturalmente congratulados por nosotros. Fue siempre festivo y social. Los cantos de su terruño fueron sus preferidos y cuando el entusiasmo de cualquier reunión alcanzaba su clímax, cantaba alegre y orgulloso las tonadas de su tierra. Para su digna esposa y ejemplares hijos, nuestra solidaridad. Nuestro mejor epitafio seria: “Claudio Gerardo: Nariñense orgullosamente santandereano y santandereano auténticamente nariñense”.                 

Escritor Ito

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