Publicado por: Epistolas Laicas
Hemos leído muchos artículos publicados criticando severamente las programaciones de las cadenas de televisión nacional. Y tienen toda la razón quienes así se expresan. Es una verdadera lástima que una invención tan importante para irrigar información y cultura, se haya degenerado al punto de que muchos colombianos prefieren apagar el equipo o dedicarse a sintonizar canales internacionales. Nunca hemos entendido el uso desafortunado que dan las programadoras al tiempo triple A donde se transmiten noticieros con el 92% de noticias negativas, muchas intrascendentes pero magnificadas para hace valer su trasmisión. Las telenovelas nacionales o enlatados extranjeros, verdaderas ridiculeces que solo captan la sintonía de personas con niveles intelectuales muy bajos y de ninguna preparación académica. Últimamente se han elevado a trono de honor a criminales y reconocidos narcotraficantes donde la apología al delito y el mensaje de que el crimen y la corrupción sí pagan, son los pregones y las enseñanzas que tales transmisiones dejan al pueblo.
Hace algunos años aun disfrutábamos de extraordinarios espacios donde se difundía la cultura y el saber y en los que, con sana diversión, los televidentes hacían parte de su contenido, se instruía, se concursaba y se premiaba a grandes maestros de la ciencia, de las artes y de las letras, con el legado de honor que sus cualidades ejemplares así reconocidas, servían de estímulo a nuestra niñez y juventud.
Lamentable la degradación que ha sufrido esta inigualable invención que si se utilizara sin priorizar el interés económico del mercado informativo sobre el poder comunicador y educativo del medio, otro país estaríamos conformando para beneficio de nuestro futuro.
Con muy contadas excepciones, nuestra televisión solo transmite programas mediocres, con presentadores y locutores sin registro de voz amable y elocuente y lo que es más grave, sin contenido moral y social que nos eduque y enaltezca.










