En su determinación, la juez argumentó que no se podría cobijar con la medida de casa por cárcel, debido a que la conducta de estas personas “afectó la confianza de los órganos de valores del país y de los ciudadanos”.

Publicado por: Gisela Ruiseco Galvis
gruisecog@yahoo.com
Lapidario el reporte sobre la extrema pobreza en EE UU presentado este 21 de junio en las Naciones Unidas (ONU). “Los EE UU ya lideran el mundo desarrollado en desigualdad... y van en camino de incrementarla aún más”. La ONU subraya la responsabilidad de la presente administración: la reforma tributaria de diciembre del 2017 benefició enormemente a los ricos. Trump, además, ha enriquecido a los bancos de manera escandalosa.
Siguiendo los vaivenes del imaginario cultural en el que estamos sumergidos, hoy se entiende al Estado flaco como un ideal (la “mano invisible” del mercado nos llevará a la vida eterna..., perdón, a la máxima eficiencia). Curiosamente, la demanda de delgadez se refiere solo al gasto social y no, por ejemplo, al gasto militar. Tampoco parecemos darnos cuenta de que el Estado no se diluye, sino que siempre enmarca posibilidades.
Los proyectos culturales que nacen de teorías y se vuelven dogmas solo pueden ser simplificaciones, ignoran necesariamente la complejidad de todo sistema y la insuficiencia de su definición del ser humano. En otras palabras, la “mano invisible” funcionaría solo en un mundo abstracto que no existirá jamás. El ajuste del ideal al mundo real queda lleno de puntos ciegos que acaban expresándose. Como sucede hoy con los de nuestro modelo económico: el punto ciego más prominente es el medioambiental. Otro es el de la economía “de cuidados”, como lo ha señalado la economía feminista (temas para otra ocasión).
Confiar a rajatabla en “la mano invisible” y en la teoría del derrame (o ‘trickle down’, que argumenta que enriquecer al curubito de la sociedad a la larga produce riqueza para todos) para un eventual bienestar social es condenar a los sectores vulnerables de la sociedad a la miseria. Ojalá que, incrustados como estamos en nuestra identidad de subdesarrollados que mira siempre al norte global, pudiéramos inspirarnos en la Europa de la socialdemocracia, y no en los EE UU, que están dando muy mal ejemplo.












