Publicado por: Gustavo Galvis Hernandez
El 5 de junio se cumplieron 20 años de la expedición de la Constitución Política de 1991. Con mucha razón se le llama la Constitución Ecológica pues tiene más de 30 artículos que hacen referencia a la protección y defensa del medio ambiente desde varios puntos de vista: Como una obligación del Estado y de los particulares; como un derecho y un deber colectivo; como factor determinante del modelo económico que debe estar enmarcado en el concepto de Desarrollo Sostenible.
Sea la oportunidad para recordar algunos temas ambientales incluidos en varios de sus artículos: La obligación de proteger las riquezas naturales de la nación; el saneamiento ambiental; la función ecológica de la propiedad; educación ambiental; el derecho a gozar de un ambiente sano; el desarrollo sostenible; acciones populares para la protección del ambiente; deberes ambientales de los ciudadanos; declaratoria de emergencia ecológica; internacionalización de las relaciones ecológicas; funciones ambientales de las contralorías, la procuraduría, las asambleas y concejos municipales y el medio ambiente como límite de la libertad económica, entre otros.
Veinte años después el balance ambiental de Colombia es más agrio que dulce. Muchas de las corporaciones ambientales no han estado a la altura de sus obligaciones especialmente en su ejercicio como autoridad en la materia y en educación ambiental; los programas, proyectos y estrategias para la mitigación y adaptación al cambio climático que se ha hecho sentir dolorosamente, no se ven en la dimensión necesaria y urgente.
Sigue la deforestación y por ende la desertización del país con la pérdida de 350.000 hectáreas de bosques al año; 300 millones de toneladas de sedimentos al año enturbian las aguas y alteran los lechos y cauces de los ríos; aumenta el número de especies de fauna y flora en peligro de extinción y el trafico de fauna sigue; quebradas, ríos, y lagos contaminados por agroquímicos, pesticidas o convertidos en cloacas de aguas negras; solo se tratan el 20% de las aguas residuales domésticas, y ni hablar del estado del medio ambiente urbano: ruido, basura, aire toxico, etc. a pesar de la muy buena Constitución Ecológica que se burla, se viola, o se ignora.










