Publicado por: Jaime Chavez Suarez
Cada día, con mayor frecuencia, observamos los cambios que se producen en el mundo de los negocios y al indagar sobre el origen de los mismos, en muy buena parte encontramos que el avance acelerado de las tecnologías y comunicaciones, puestas al servicio de los consumidores, se ha encargado de modificar sustancialmente las preferencias y los gustos de los compradores, así como el uso creciente de canales virtuales para satisfacer sus necesidades y la adquisición de bienes y servicios.
Facilitar el consumo, acercando múltiples ofertas e impulsar las decisiones de compra sin dar espacio a sopesar la capacidad de pago que cada consumidor tiene, según sus ingresos, ha llevado en los países con alta presencia tecnológica en los medios de pago, a subir los niveles de endeudamiento de las familias en favor de las corporaciones, las entidades financieras y las nuevas modalidades de operadores de “teléfonos inteligentes” con monederos electrónicos incorporados. Estas modalidades de mercadeo se extienden muy rápido por todo el planeta y las nuevas generaciones viven encantadas, haciendo uso de la versatilidad que cada aplicación contiene.
El sistema financiero ha visto nacer un nuevo modelo de competencia y como tal realiza importantes y cuantiosas inversiones en tecnología, para no alejarse de este segmento y continuar ocupando posiciones de privilegio.
Las empresas que no quieran perder participación en los mercados deberán adecuar sus procesos a estas realidades económicas. Las cooperativas no son ajenas a estos cambios y deben propiciar soluciones innovadoras para mantenerse vigentes.
No obstante es necesario agilizar la entrada de estas tecnologías que ayudan a la efectividad de la mercadotecnia, pues hoy en día los medios sociales resultan siendo la metodología más idónea para llegar a los nuevos consumidores.
Un programa de educación financiera debe contemplar los aspectos básicos de su uso y rápida inclusión en estos servicios.











