Columna de opinión de Juan Pablo Remolina
Por primera vez en 45 años Colombia ha perdido su autosuficiencia en el abastecimiento de gas natural. De ahí que el gobierno haya señalado la necesidad de aumentar las importaciones de gas a partir del 2025, dado que la producción será inferior a la demanda nacional. El déficit para el próximo año se estima en 8% y para el 2026 en 16%. Solamente hasta el 2028 se empezaría a reducir las importaciones de gas, año en el que se tiene previsto que los proyectos costa afuera empiecen su producción. No obstante, esta fecha es incierta producto de la complejidad de los procesos de explotación submarina y la construcción de nuevos gasoductos.
Lo cierto es que, ante este panorama, los expertos estiman que el gas presentaría aumentos en el precio de hasta un 150%. Esto impactaría negativamente a los sectores industrial, comercial, de transporte y a los 11 millones de hogares colombianos que consumen gas natural. Pero, sobre todo, hace aún más difícil que los 1,5 millones de hogares que todavía cocinan con leña accedan a este servicio. No siendo suficiente lo anterior, la extracción del gas importado no paga regalías, no genera empleo en Colombia y las utilidades se quedan en el exterior.
Paradójicamente, Colombia está sentada sobre gas, en especial en Puerto Wilches (Santander) y en el Magdalena Medio. Aun así, las reservas de gas se han desplomado en 58% desde 2017, al pasar de 14 años a 6 años en 2024. Esto se debe a la falta de exploración de hidrocarburos. La situación se agrava ante la negativa del gobierno nacional de firmar nuevos contratos de exploración y producción de gas, y de seguir empeñado en la prohibición de los yacimientos no convencionales (YNC), sin que haya un debate basado en la ciencia.
Gracias a la producción de los yacimientos no convencionales, el país podría recuperar su autosuficiencia de gas en menos de 2 años y garantizaría la soberanía energética por los próximos 30 años. Ecopetrol lleva 5 años produciendo gas a través de YNC en Texas (EE.UU.) con excelentes resultados. Expertos que han visitado estos pozos han mencionado que no hay argumentos técnicos para no replicar esta experiencia en Colombia. Esta producción no solo genera cuantiosas utilidades, sino que también reduce significantemente las emisiones de gases de efecto invernadero frente a los métodos convencionales. De ahí que algunos hayan señalado que Puerto Wilches se podría convertir en el próximo Texas de Colombia, generando prosperidad para sus comunidades, el Magdalena Medio y el país. No obstante, ¿es preferible importar el gas, que incluso podría provenir de los YNC, a costa del bolsillo de los colombianos?












