Los estudios muestran que los países que respetan los derechos LGBT+ tienen democracias más estables y prósperas.

Esta pregunta la recibo a menudo, y la respuesta es sencilla: marcho porque, más allá de las identidades individuales y las historias personales, los derechos LGBTI+ son indicadores del tipo de sociedad en la que vivimos—o en la que aspiramos a vivir.
Así, marcho porque creo que nadie debe sufrir bullying, ni mucho menos ser expulsado del colegio simplemente por ser quien es.
Marcho porque creo que ninguna persona debe ser atacada por caminar de la mano de la persona que ama.
Marcho porque ninguna madre debe sufrir lo que vivió la mamá de Sara Millerey.
Y marcho también porque quiero una Colombia más rica y que respete las instituciones democráticas.
¿Qué tiene que ver esto con “los gays”? Mucho.
Los estudios muestran que los países que respetan los derechos LGBT+ tienen democracias más estables y prósperas.
Por ejemplo, un estudio en 12 países del Caribe encontró que la percepción de cómo se trata a las personas LGBT+ influye directamente en el número de turistas que visitan la región.
La homofobia, en este caso, cuesta: la región pierde hasta un 0,93% del PIB por ingresos turísticos que no llegan debido a leyes o actitudes discriminatorias.
Otro dato contundente: cada punto que mejora un país en el Índice Global de Reconocimiento Legal de la Orientación Homosexual (GILRHO), se traduce en un aumento de US$2,000 per cápita en el PIB.
La ecuación es clara: más inclusión, más desarrollo.
Además, cuando políticos de todos los colores instrumentalizan los derechos LGBT+ —especialmente los de las personas trans— para polarizar, y así fortalecer regímenes personalistas que debilitan la democracia y concentran poder y recursos en manos de unos pocos, nuestro apoyo claro y contundente es más necesario que nunca: defender los derechos LGBT+ es defender la democracia.
Es decir, marcho porque creo en construir un país donde ni los sueños de Sara Millerey ni los de Miguel Uribe habrían sido truncados por el odio y la violencia, y donde hoy ambos estarían compartiendo la vida que imaginaron junto a sus seres queridos.
Por todo eso marcho, por todo eso les invito a marchar.












