Cómo entrenar a tu dragón, la reciente película, presenta un contundente mensaje sobre la importancia de ampliar nuestra perspectiva y entender las experiencias de los demás para construir sociedades prósperas y en paz. Sin embargo, también reproduce dos peligrosos y arraigados estereotipos.
Primero, la idea de que sin importar qué tan competente sea una mujer, en momentos de crisis es el hombre quien sabe qué hacer y está llamado a liderar la acción.
Esto es lo que Reese Witherspoon llamó el tropo “¡Oh no!, ¿ahora qué hacemos?”: personajes femeninos altamente capaces que, en el momento clave, súbitamente se paralizan y piden al personaje masculino que tome el control.
Repetido cientos de veces, este patrón refuerza la idea de que el verdadero liderazgo es siempre masculino.
Segundo, la película reafirma uno de los tropos más dañinos respecto a la violencia de género: que cuando una mujer dice “no” a los avances románticos de un hombre, hay que insistir, incluso con violencia, hasta que ella “se dé cuenta” de que él tenía razón y la relación romántica surja o se consume.
Esto puede verse en dos escenas clave. Primero, cuando Hipo lleva a Astrid a la fuerza a un “paseo” en su dragón. Ella lo abofetea y dice “esto es por secuestrarme”, pero luego lo besa: “esto es por todo lo demás”. La escena se repite al final en un tono cómico, y representa la culminación romántica de la historia.
Pero no respetar el consentimiento de alguien (de cualquier género) no tiene nada de gracioso ni mucho menos de romántico.
De hecho, esta falsa idea sigue alimentando la violencia física y sexual contra miles de mujeres.
Queda entonces la pregunta, ¿por qué resulta más fácil reconocer la complejidad de un dragón que la de un personaje femenino? ¿Por qué cada vez hay más historias que nos invitan a conectar con monstruos, pero siguen descontando e incluso romantizando la violencia contra las mujeres?
Ojalá pronto las películas que nos enseñan a empatizar con dragones y monstruos se animen por fin también a mostrar, respetar y celebrar la humanidad plena de las mujeres.












