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Luis Ernesto Ruíz
Jueves 22 de enero de 2026 - 07:58 AM

¿Cuál es el futuro de los colombianos?

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La política colombiana parece haberse trasladado de los escenarios institucionales a las madrugadas digitales. Desde allí, entre desvelos y publicaciones en X, el presidente Gustavo Petro ha convertido la red social en su principal tribuna, una desde la cual señala enemigos, denuncia conspiraciones y fija la agenda del día siguiente. El problema no es solo la forma, sino el fondo: gobernar desde la reacción permanente termina debilitando el debate serio y erosionando la confianza pública.

Las publicaciones nocturnas no solo revelan estados de ánimo de Petro, también una visión fragmentada del poder. En ellas aparecen constantemente los “culpables” del malestar nacional, mientras las responsabilidades propias se diluyen entre acusaciones, interpretaciones forzadas de la Constitución y reformas que, lejos de construir consensos, han generado incertidumbre económica y política. El país discute trinos mientras los problemas estructurales siguen esperando respuestas.

A esto se suma la confusión entre lo público y lo personal. Cuando los asuntos familiares o las percepciones de castigos íntimos —lista Ley Clinton— se trasladan al discurso presidencial, el mensaje se desdibuja y el liderazgo se resiente. La investidura no admite desvaríos: lo que podría ser anecdótico en un ciudadano común, en un jefe de Estado se convierte en señal de desconexión con la realidad nacional.

No olvidemos que los trinos (X) de Petro en sus desvelos de madrugada no solo muestran qué y quiénes, según él, alborotan el bienestar de los colombianos, sino que exhiben desaciertos constitucionales y reformas que afectan el crecimiento del país. Y si a eso se suman los desvaríos sobre el castigo que dice haber sufrido su exconsorte y su hijo —apenas reconocido—, sus locuras dejan de ser anecdóticas y se vuelven dañinas.

Algunos pensamos que la luz de la esperanza empieza a verse al final del túnel, por lo que esperamos que la política se alinee con la esperanza de los colombianos. Sería imperdonable llegar a ese punto sin posibilidad de triunfar.

Y ese debe ser el compromiso de todos: ya conocemos bien cuál es el enemigo del progreso; con Cepeda sería más de lo mismo, continuaría el sufrimiento. Hoy las encuestas nos asustan; no podemos después “llorar por la leche derramada”, como decía mi abuela. Hay que enfrentar al enemigo en las urnas; debemos votar ya el próximo marzo.

Luego, escoger parlamentarios a quienes les duela el país y no sean más de lo mismo. En los meses siguientes vendrán las presidenciales; puede haber dos vueltas. Si de verdad nos duele el país, debemos ganar en el primer escrutinio; no podemos dejar ninguna duda sobre el daño que hemos sufrido en este cuatrienio siniestro en nuestra querida tierrita. Animémonos y vamos por una mejor Colombia para todos.

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