Nerthink Mauricio Aguilar, el mandatario de los santandereanos, no deja de sorprendernos cada vez que se celebran fechas especiales, aun en la pandemia, aprovechándose de la publicidad y la fanfarronería para recordarnos una vez más que es un gobernante cercano al pueblo.
Primero lo hizo el día de la madre, recorriendo desde muy temprano las calles de la ciudad sobre un pesado camión, mariachis incluidos, y lanzando besos a diestra y siniestra; y ahora nos repitió la fórmula para el día de las brujas, haciendo caso omiso de las restricciones impuestas por él mismo para atender la crisis sanitaria. Le pide al pueblo que evite las aglomeraciones, pero es el primero en aglomerarse para repartir dulces y celebrar con los infantes. ¡Patético!
Cuando se trata de su lucimiento personal y de dar pantalla, siempre proclive al protagonismo social, la pandemia deja de existir para el Gobernador; pero si se trata de vender el discurso de la protección y el autocuidado, es el propio mandatario quien recomienda quedarse en casa, respetar los controles y evitar las aglomeraciones. Mientras él sí puede celebrar el día de “halloween”, disfrazado de vaquerito, los niños se tienen que encerrar desde temprano, y luego que todos los demás cumplan con el toque de queda. A propósito, ¿será necesario mantener todavía el toque de queda en el departamento?
Nadie niega que Mauricio Aguilar haya hecho su mejor esfuerzo para manejar la crisis por la epidemia; tampoco hay que negar que el inesperado liderazgo de su esposa le ha quitado protagonismo a él y a sus propios secretarios. Pero de ahí a tener que soportar sus ímpetus arribistas es algo que deja una mala sensación, enviando un pésimo mensaje a la ciudadanía, algo así como que las normas son para respetarlas, excepto cuando se trata de la exhibición personal del señor gobernador.
Mientras tanto la Gobernación sigue cerrada, por allá es poco lo que atienden, argumentando siempre que la crisis sanitaria los obliga a mantenerse alejados de la ciudadanía.
¡La doble moral y el doble discurso!
* Aparte: Bienvenida la ley de los 400 años de Bucaramanga, pero como dicen por ahí, “esa ley hay que volverla plata”, que se vean los recursos, porque de lo contrario no pasará de ser una ley de honores. ¡Atentos!











