Durante 12 años, Miguel Ángel Pedraza nos acompañó cada domingo con su columna. Esta fue la última, publicada tras asumir la dirección de este diario, cargo que ocupó hasta hace un mes. Hoy la compartimos como homenaje a su legado.

Desde hace más de doce años escribo semanalmente una columna de opinión para el periódico “Vanguardia”, atendiendo una invitación de la editora de la época Diana Saray Giraldo, siendo el director de entonces Sebastián Hiller Galvis.
Me invitaron a opinar bajo el compromiso de hacerlo todas las semanas con seriedad, rigor y buen criterio, sin importar el tema, aunque preferiblemente de sucesos de nuestra vida local y regional. Escogí la línea de la denuncia pública alrededor de los escándalos de corrupción en Bucaramanga y Santander, así como la línea de los temas de ciudad y ciudadanía, asuntos cívicos que parecen menores pero que resultan importantísimos en el día a día de cualquier ciudad.
Esa tarea de opinar semanalmente no es nada fácil, así algunos la subestimen o la tomen con poca responsabilidad. Escribir sobre cualquier generalidad sin fondo se puede hacer, pero eso no es ético ni tampoco responsable. La tarea es construir opinión, fomentar discusiones, poner a reflexionar al lector e interactuar con los ciudadanos.
En esas estuve durante varios años, con la satisfacción de haber empezado a registrar puntajes en las encuestas de columnistas apenas a los dos años de haber publicado mi primera columna. Por aquel entonces, las plumas brillantes y agudas de Manolo Azuero y Diana Giraldo se disputaban el primer lugar, seguidos por el maestro Eduardo Muñoz y el médico Donaldo Ortiz.
Con el tiempo la columna se logró posicionar entre los lectores del periódico, hasta lograr el reconocimiento durante cinco años consecutivos como el columnista más leído de la región, según el opinómetro nacional de la firma “Cifras y Conceptos”, una de las mejores encuestadoras del país. ¡Se hizo bien la tarea y se cumplió el reto!
El oficio se va puliendo, cada semana se escoge el tema oportunamente, se organiza y se estructura, se investiga, se verifican datos o cifras, hasta enfrentarnos al papel en blanco para escribirles a los lectores. Y se escribe para que todos entiendan, desde el gerente bancario hasta el vendedor ambulante, con sencillez, buena redacción y buena ortografía. Esto no es de improvisar, es de respetar al lector.

Y hoy estoy publicando mi última columna como opinador del periódico, como el columnista de los domingos. Me despido de todos ustedes de esa condición porque a partir de mañana lunes asumo la dirección de Vanguardia, el medio de comunicación más importante del oriente colombiano, el más influyente en la opinión de los santandereanos.
Agradezco a sus directivas por el voto de confianza y agradezco a muchos de ustedes los mensajes de bienvenida con beneplácito y aceptación. El periódico “Vanguardia”, la “Vanguardia” de todos nosotros, seguirá siendo emblemático, un símbolo y una insignia para Santander. ¡Así será!











