lunes 13 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Puno Ardila

La oposición del Polo

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Columna de
Puno Ardila

Hace algún tiempo, Miguel Polo, uno de esos ilustres congresistas colombianos, quizás en uno de sus mejores momentos, quizá con uno de sus mejores argumentos, quizá disparando un chispazo que no vuelva a tener en años, exigió que Cecilia Orozco Tascón, para que pueda opinar, debe cambiar su foto por una actualizada; una en que se vea más vieja.

Y hace apenas unos días, Jonathan Ferney Pulido Hernández, conocido en su mundo de redes sociales como “Jotapé” Hernández, apodado por algunos “el Arrepentido”, porque fue uribista, y se arrepintió; fue “rodolfista”, y se arrepintió; fue del Partido Verde, y se arrepintió; y ahora coquetea con el Centro Democrático, y seguramente se arrepentirá, también, como tanta gente sensata ha de arrepentirse algún día. Pues este tipo, Jotapé, salió a rasgarse las vestiduras por el enorme costo del mercado en la casa presidencial (cerca de ocho millones de pesos mensuales), y anda alborotando en su mundo y hasta en el Congreso por esos costos tan altos de sostener el servicio. Un montón, sin duda alguna: algo así como la cuarta o la quinta parte de lo que se gana él como congresista. Qué escándalo.

En serio, ¿esta es la oposición en Colombia? ¿Se está cosechando ya la siembra de Paloma Valencia y su sartal de idioteces, y de María Fernanda Cabal, díscola y con su lengua tan desconectada del seso? Y no solo en los poderes del Gobierno; también desde los medios de comunicación, sin posiciones claras ni información real. La prensa formal se ha dedicado a difundir mentiras del Gobierno, creíbles cuando pasan, pero dejan una estela de basura cuyo hedor va gritando la verdad, aunque muchas veces sea tarde.

Cómo tener fundamentos para una oposición inteligente frente al Gobierno si el periodismo de nuestro país lo encabezan Vicky Dávila, D’Arcy Quinn y los Carlos Vélez, padre e hijo, sin hablar de columnistas y opinadores, como María Andrea Nieto y (horror) Pacho Santos, porque cada quien puede opinar como quiera; eso es otra cosa.

Siendo tan necesaria la oposición en una democracia, es increíble que estemos en manos de semejantes auyamas.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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