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Sergio Arenas
Domingo 29 de junio de 2025 - 01:00 AM

El valor del metro cuadrado

Si de verdad queremos que la vivienda deje de ser un lujo, tenemos que exigir algo más profundo que subsidios o promesas: necesitamos una ciudad pensada para vivir, no para resistir.

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Hoy un apartamento en el área metropolitana puede costar hasta $9 millones por metro cuadrado. Es entendible que la gente proteste; pero casi nadie habla de lo que realmente podría cambiar ese panorama: una ciudad bien planificada, pues el verdadero cuello de botella es que no hay suficiente suelo habilitado para construir, y el que hay, es costoso, escaso o está mal ubicado.

Empecemos por un dato que debe preocuparnos a todos: el área metropolitana necesita 50.000 viviendas nuevas antes de 2027. No es un dato menor: son miles de familias esperando una solución. Y justo cuando más se necesita construir, la actividad cae. Según Camacol, los inicios de obra bajaron 55,4 % a comienzos de 2025. Menos proyectos y más demanda: receta segura para que suban los precios.

A eso se suma que construir cuesta más. Los materiales, sobre todo los metálicos como el acero, están por las nubes. Las tasas de interés siguen altas. Y los compradores piden más: tecnología, eficiencia, terrazas verdes. Todo eso suma entre un 15 % y un 30 % al valor final. Y si el proyecto está bien ubicado, el precio sube aún más.

Pero más allá de todo eso, el problema es otro: la ciudad no está habilitando suelo para crecer. Bucaramanga lleva años sin lograr una renovación urbana de fondo. Floridablanca, que debería ser la válvula de expansión natural, sigue sin habilitar tierra con servicios públicos: tiene la categoría de ciudad, pero funciona como una finca. Girón sigue atado a normas viejas y Piedecuesta no ha logrado sacar adelante su POT. Y ninguno de los cuatro municipios tiene una política tributaria clara que motive a los constructores.

Entonces, ¿de qué nos sorprendemos cuando suben los precios? Podemos culpar al constructor, al dólar o a los acabados, pero el problema de fondo es otro: no estamos habilitando el suelo que se necesita, ni tomando las decisiones que la región exige.

Es sencillo: quienes pueden hacer que ese suelo se libere no son los bancos ni las constructoras; son los alcaldes. Son los municipios los que tienen en sus manos las herramientas para cambiar el panorama. Pero para eso se necesita voluntad política, liderazgo técnico y, sobre todo, una visión compartida entre los cuatro municipios.

Si de verdad queremos que la vivienda deje de ser un lujo, tenemos que exigir algo más profundo que subsidios o promesas: necesitamos una ciudad pensada para vivir, no para resistir. Porque quejarse del precio sin exigir planificación urbana es, al final, como quejarse del calor sin abrir la ventana. Los ciudadanos metropolitanos necesitamos un gran acuerdo de Ciudad. Necesitamos el Distrito Metropolitano.

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