Aurora Venturini tenía 85 años cuando escribió y ganó el Premio Nueva Novela de Página/12 en 2007 con Las primas. Usó como seudónimo el nombre de Beatriz Portinari, musa inspiradora de Dante Alighieri en La divina comedia.
La novela, ambientada en la década de 1940, narra la historia de cuatro mujeres en la ciudad de La Plata que conviven con discapacidades intelectuales o motrices que marcan su existencia. Yuna López, quien se da a conocer en el mundo de las artes como Yuna Riglos es la narradora y tiene una discapacidad intelectual leve que se manifiesta en una dislalia. Betina, su hermana pequeña, está mucho más afectada en el habla e incluso tiene serias dificultades de movilidad. Carina, una de las primas, nació con seis dedos en cada pie y Petra tiene enanismo. Todas procuran llevar una vida normal: intentan trabajar e incluso llegan a tener hijos, algunos de ellos frutos de violaciones.
En la obra destacan dos recursos formales. Primero, una verborrea incontrolada con frases intencionalmente carentes de signos de puntuación. Venturini utiliza esta prosa salvaje para dar voz a Yuna y, al mismo tiempo, retratar una familia disfuncional a través de una narración caótica. De esa forma, no se limita a contar, sino que se recrea en el proceso mismo de la escritura, dominando recursos que en otras manos quedarían forzados. El segundo elemento genial es la consulta constante al diccionario cuando la protagonista no consigue completar las frases por sí misma. Sobre esto, la propia Yuna reflexiona: «creo que el diccionario me beneficia, creo que salvaré dificultades que antes creí insalvables y no cuento lo que guardo in mente».
Venturini expone un drama desde un humor que nace de la más absoluta desesperación. Nos obliga a reírnos de situaciones atroces, incómodas y abyectas, convirtiendo al lector en cómplice de un circo deforme. Narra la sororidad desde la cicatriz; en lugar de avergonzarse, asume las diferencias con total naturalidad. Convierte lo que la sociedad de la época consideraba un “monstruo” en una fortaleza estética que cautiva al mundo del arte.
Yuna recorre su doloroso trayecto desde la infancia hasta la juventud con una voz rota, contando los peores abusos a través de un filtro de ternura y humor negro. Como afirmaba la autora, «Lo que no se cuenta es como si no hubiera ocurrido». Por ello, Yuna no es una heroína convencional, sino una superviviente que logra construir su propia identidad y reescribir su destino a través del arte y la escritura.












