Cumplida la primera vuelta presidencial, vale la pena analizar algunas buenas y malas que nos dejó el domingo pasado.
Buen ejemplo dio Bogotá con un 67,96 % de participación del censo electoral, 9 % por encima del promedio nacional, mientras en Santander y Bucaramanga estuvimos arriba del 65 %. En esta oportunidad los colombianos estuvimos más atentos a ejercer el derecho y exponer la preferencia, lo cual es un indicador de madurez política, en lo que Santander ha venido mejorando. En las legislativas subimos 6 puntos frente a 2022, llegando al 52,8 %. En esta primera vuelta presidencial bajamos un poco frente a 2022, lo que se explica porque teníamos candidato propio y eso motiva mucho al electorado. En ese momento, 1.174.842 santandereanos votamos, con el 66,14 % del censo electoral; ahora, 1.210.680 votantes, que es el 65,02 %. El otro 35 % entenderá que no puede quejarse y queda clarísimo que a la gente le interesa mucho más la Presidencia que el Congreso.
Buen trabajo el de la Registraduría, que gestionó adecuadamente todo el proceso. Buen comportamiento, en general, de los colombianos tanto en el país como en el exterior, que acudieron a votar con entusiasmo y respetaron las diferencias.
Bueno no, excelente, el manejo de marketing de la campaña de Abelardo De la Espriella. Las canciones, el saludo, la imagen, el uso de la camiseta, la lectura del sentimiento patrio. Lograron llevar “el tigre” a la conversación diaria de la gente, tanto que casi nadie se refería al candidato por su nombre. Un trabajo impecable que coincide perfectamente con el lenguaje y la expresión del ganador. También, buena elección del vicepresidente, que le agrega valor.
Mal ejemplo pretender generar desconfianza en los resultados. Malo no, pésimo ejemplo, el discurso incendiario de los ganadores, con amenazas y ofensas que superan el peso de las propuestas. Mal ejemplo la estigmatización a la mujer y las personas con preferencias sexuales diversas, que solo implica un terrible retroceso democrático. Mala no, pésima decisión, evadir nuevamente el debate.
Malísima la virtual desaparición del centro político que proponía mesura, conocimiento, respeto y seriedad en el gobierno, pero no logró emocionar ni despertar fervor ciudadano. Malo que haga carrera el estigma de “tibio” a quien se identifique con esos principios. Se requiere un cambio de estrategia.
El país votó libremente por los extremos y en segunda vuelta se profundizará la distancia. Quisiera equivocarme, pero coincido con muchos que puede darse una especie de confrontación civil, por lo que la opción responsable es convocar a la razonabilidad. Debemos votar a favor y no en contra, y que sean el respeto de los derechos, la honorabilidad, la experiencia, la viabilidad de las propuestas y la sensatez los que nos motiven.












