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Sergio Arenas
Domingo 21 de junio de 2026 - 01:00 AM

“Cruzar el Rubicón”

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Cuenta la historia que Julio César, antes de cambiar para siempre el destino de Roma, se detuvo frente al río Rubicón; sabía que cruzarlo con sus tropas significaba desafiar al Senado y abrir una guerra sin regreso. No era un río profundo ni imponente, pero sí una línea moral, política e histórica. Al atravesarlo, César habría pronunciado una frase que quedó grabada para siempre: “La suerte está echada”. Desde ese instante, Roma ya no sería la misma. Por eso es que hay momentos en la vida de los pueblos en los que una decisión cambia el rumbo de generaciones enteras, y ese momento llegó para Colombia; hoy habremos cruzado el Rubicón.

Hoy, el colombiano estará frente a su propio Rubicón. No tendrá delante un río, sino una urna. No llevará tropas, sino un voto. Pero la decisión será igual de trascendental: cruzar hacia la continuidad de un gobierno destructor, que amenaza con llevar a Colombia a un punto de no retorno y a un camino cada vez más cercano al comunismo; o cruzar hacia la libertad, la democracia, la empresa, la seguridad y el futuro.

A las 4 de la tarde ya nadie podrá hacer más, habrá solo un silencio ensordecedor. Colombia habrá cruzado su propio Rubicón y, desde ese momento, como lo dijo Julio César, “alea iacta est”.

A la otra orilla del río estará el país que el pueblo haya decidido cruzar: una derecha de libertades, orden y democracia, representada por Abelardo, que garantiza la posibilidad de volver a creer en el orden, en la autoridad, en la libertad económica, en la empresa privada, en la seguridad, en la propiedad, en la familia y en una democracia firme; o una izquierda de opresión, incertidumbre y control, representada por Cepeda, que promueve un modelo donde el Estado pretende reemplazar al ciudadano, controlar la economía, castigar la empresa privada y convertir la dependencia en política pública. Ese camino empobrece a la sociedad, desincentiva la inversión, persigue al empresario y reparte escasez en lugar de generar prosperidad, destruye la libertad económica, la propiedad privada, el empleo productivo, el mérito, el emprendimiento y la confianza en el futuro.

En este momento de crisis moral no habrá neutralidad inocente: el silencio también habrá hablado, y la abstención también habrá decidido, y la pregunta que nos acompañará por años será: ¿qué hicimos cuando nos tocó decidir?

Julio César no cruzó el Rubicón por accidente; lo cruzó sabiendo que no habría regreso. Por eso, el votante colombiano debe entender que frente a la urna también está ante una decisión histórica: puede cruzar hacia un camino de estatismo, pobreza y pérdida de libertades, o puede cruzar hacia la defensa de la democracia, la empresa privada y la libertad. La diferencia es que César cruzó para tomar el poder; el ciudadano debe cruzar para impedir que se lo arrebaten.

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