Publicado por: Víctor Castillo
Esta semana ha sido una de las más agitadas políticamente por la reforma a la salud. Desde el inicio del Gobierno estaba cantado que este proyecto generaría grandes polémicas en su discusión. En campaña electoral, el hoy presidente Gustavo Petro anunciaba en foros y espacios públicos su intención de eliminar la intermediación financiera que realizaban las EPS en el sistema de salud.
No hay dudas de que ese preciso punto es el que más debate ha generado alrededor de la reforma, considerada por muchos como la causa de la más reciente crisis ministerial y la ruptura de la coalición de Gobierno. Entre los siete cambios que hizo el presidente en su gabinete se cuenta la llegada de Guillermo Alfonso Jaramillo al Ministerio de Salud y de Luis Fernando Velasco al Ministerio del Interior. Ambos de extracción liberal liderarán las carteras claves para salvar la reforma.
Su objetivo será convencer a los congresistas de apoyar el proyecto independientemente de si tienen o no el respaldo de sus jefes políticos, quienes seguramente quedarán relegados a esgrimir amenazas con el poder que les otorga la ley de bancadas. Este contexto terminará fragmentando a los partidos y una muestra de eso es la carta de los 18 congresistas liberales que expresaron su descontento con las directrices impuestas por su líder.
Mientras ocurre esta tormenta política, el proyecto de reforma avanza a paso lento en la Cámara de Representantes. El pasado martes, la Comisión Séptima aprobó el informe de la ponencia con 10 votos a favor y 8 en contra, para dar así paso al análisis y votación del articulado.
La ponencia que sigue por ahora sin modificaciones plantea la transformación de las EPS en Gestoras de Salud, una nueva figura en la que pierden la administración de los recursos para que sea la Adres quien asuma esa función. Las EPS que quieran seguir existiendo bajo este nuevo formato deberán estar a paz y salvo en deudas no corrientes y tendrán que dejar atrás la integración vertical en los servicios de mediana y alta complejidad.
Otro de los poderes que se les retirará es la posibilidad de conformar a su antojo las redes de servicio, en las que se contrataba a los hospitales y demás prestadores principalmente bajo el criterio de beneficio económico y no de calidad. Esa estructuración de la red pasará a manos del Ministerio de Salud.
Para el país será vital que no se pierda el impulso de modificar el modelo de salud que ha llevado a la desaparición de 150 EPS (de 177 creadas en los últimos 30 años), en su gran mayoría por malos manejos administrativos y casos de corrupción. Los recursos de la salud deben ser sagrados.











