Mátate, amor, la novela de la escritora argentina Ariana Harwicz y que fue adaptada al cine bajo la dirección de Lynne Ramsay, producida por Scorsese y protagonizada por Jeniffer Lawrence y Robert Pattinson, se adentra en las capas más profundas de la subjetividad de la maternidad, evidenciando el extremo opuesto de la visión romantizada de ser madre.
Publicada en 2012 por Paradiso y traducida a varios idiomas, narra la historia de una mujer que atraviesa una maternidad asfixiante, vive en un lugar remoto y acaba de convertirse en madre primeriza. La protagonista transita su cotidianidad en una suerte de claustro emocional, una jaula sin barrotes que la vigila y la juzga. En este contexto, sitúa la maternidad como una condena, cuyo recordatorio es la pérdida de autonomía de la madre. Según Harwicz, trató de «observar a una mujer con su desequilibrio psíquico, hormonal, emocional».
En entrevistas anteriores, la autora puntualizó que la experiencia de escritura fue para ella como escribir un diario de guerra, bajo los efectos físicos, mentales y emocionales en los que abordó dos situaciones: su nueva maternidad y la vida en el campo, conjugando así el monólogo interno con una voz que se desborda en una gran soledad. Hay ensayos sobre la maternidad edulcorada, pero la sagacidad de esta obra es hacer de lo familiar, lo subversivo, gracias al humor. El lector se identifica, se irrita o siente empatía.
La potencia de Harwicz reside precisamente en esa negativa a la contención. No quiere decir que en la historia no esté también ese amor hacia el hijo que supone la maternidad, pero sí hay una constante ambigüedad condensada desde el título. La función del arte es deformarlo todo, exagerarlo todo y, aunque se ha catalogado como una novela sobre la depresión posparto, la argentina confiesa que, más allá de los diagnósticos, es relevante señalar que la literatura, como una manifestación del arte, no busca la redención, ni la complacencia del espectador. El relato se perfila como una experiencia provocadora, al exponer grandes tabúes en torno a la maternidad, o los grises de la violencia intrafamiliar, generando así nuevas conversaciones sobre lo que significa ser mujer, madre y sujeto en una sociedad tan demandante.











