¿Hay riesgo en que la Biblioteca Gabriel Turbay, patrimonio de la ciudad desaparezca? Para Luis César Herrero, académico de la Universidad de Valladolid, el patrimonio integra el sector cultural junto a las industrias culturales y creativas: es aquello que pertenece a una colectividad, una herencia esencial de la identidad ciudadana y de su historia, un fundamento en la vida de los habitantes de un territorio. Dicho eso, la Biblioteca Gabriel Turbay es patrimonio de Bucaramanga y aunque lo sepamos, a veces hay que reafirmarlo, justamente para que ese patrimonio no esté amenazado.
Próxima a cumplir 54 años su historia ha sido una montaña rusa de emociones con momentos memorables y otros no tanto. En lo que si coincidimos con todos los actores de la cultura local es que pensar que la Biblioteca desaparezca es un despropósito. Pero no es una locura decirlo. Esa amenaza ya ha mostrado dientes en otros momentos, por ejemplo, la desaparición de la Biblioteca Departamental, esa que funcionó inicialmente donde quedaba el antiguo Colegio del Pilar, hoy la EMA, y que fue suficiente la firma de un gobernador para extinguirla.
Cuando en el año 1998 se crea el IMCT, este asume el mando de la Biblioteca, que ya funcionaba como ente descentralizado —como muchas en el país—, y el edificio pensado para ella, el ente que fue modelo a nivel nacional por su calidad y trabajo de entrega en cultura y conocimiento, premiada como la mejor dotada en servicios del país entonces, empezó a ceder su espacio natural al Instituto. Aunque no parece un problema, lo es en una ciudad carente de escenarios culturales, se restan espacios para entregarlos a la burocracia. Esto debilita un servicio esencial, más aún cuando no hay nuevos funcionarios de planta y los recursos, como ocurrió en la pasada administración no llegan como debe ser. Este proceso, lento pero constante, ha afectado la forma de mantener activa la Biblioteca y sus satélites. El riesgo lleva años latente no solo en ceder los espacios sino además en no dotarlas, en reducir la contratación, sumadas son gruesas gotas que, sin hacer ruido, van quebrando una estructura fundamental de la ciudad.
Desde Libros Libres, una junta de amigos preocupados por este y otros temas de lectura, libros y bibliotecas en la ciudad, movimos algunas acciones para que el GAB (Grupo de amigos de la Biblioteca) se activara, ya que estaba por ahí medio dormido.
Ya somos los amigos de la Biblioteca y estamos listos para celebrarlo. Listos para que muchas más personas también lo sean, son bienvenidos para que entre todos mantengamos viva una parte de cada uno de nosotros, que puede recibir con aprecio las disposiciones de la administración pública para hacerla crecer, o gritar cuando nuevamente se intente resquebrajarla. Las bibliotecas estarán siempre por encima de la negligencia y el papeleo, son de los ciudadanos, pero ellos deben defenderla.











