Publicado por: Virgilio Galvis Ramírez
La amistad entre seres se asemeja al cuidado de un jardín o de una mascota; se siembra, se protege, nos acompañan a disfrutar de su belleza o afecto; son ese acompañamiento leal en el trasegar de la vida, sin cargas, sin obligaciones; a compartir el dolor o el éxito, al buen consejo; a mantenernos en el camino de la verdad. Un amigo da tranquilidad y nos permite el goce de una excelente compañía. Con él se persiguen los molinos y se forjan quimeras.
Pero cuídense del diablo; si es un “aparente” buen amigo, detectar la traición camuflada con zalamería y adulación resulta difícil, pues la vanidad tapa la falsa amistad. El tema parece frívolo,pero cuando se vive resulta devastador y demanda tiempo para aterrizar el dolor de alma que inflige y nos pone a cavilar si como esta, son las múltiples relaciones con otros amigos que nos rodean y también puedan darnos certero golpe por la espalda.
Recomiendo que exploren esta experiencia también en sus empresas. Detecten los ‘empleados aduladores’ y emprendan acciones de seguimiento. Diagnostíquelos y enfréntelos; no solo son nocivos sino que pueden gestar en el clima laboral profundos daños de contaminación empresarial.
“Los “empleados lambones” dedican su tiempo a proyectar una imagen falsa que no está soportada en sus capacidades o ejecuciones reales. Suelen ser hábiles socialmente, prometen más de lo que hacen, son mentirosos, exagerados, y pueden de manera maquiavélica jugar con los hilos de poder empresarial que tengan para ganar indulgencias con avemarías de sus compañeros. Siempre son solidarios con el jefe; adulan cuando el jefe adula y denigran cuando esto sirve para ganar puntos sobre los demás y con el jefe. Se hacen ver perfectos para el jefe y a los superiores de carácter débil presentan una falsa lealtad... Su influencia permea la cultura y los valores institucionales gestando un efecto en el ambiente laboral nocivo porque ellos patrocinan más el individualismo que el trabajo en equipo. Es más fácil arrastrar hacia el mal que construir el bien y en especial cuando a expensas de sus triquiñuelas se ganan la confianza de los superiores y logran un trato preferencial. Crear valor dentro de una compañía amerita confianza y lealtad reciproca entre directivos y empleados.
Los aduladores son como un tiro en la sien.









