Para combatir esta tragedia en aumento, las políticas públicas deben traducirse en acciones efectivas y las instituciones deben fortalecerse para ofrecer un apoyo oportuno y seguro. Sobra decir que se necesita educación y sensibilización en todos los niveles sociales para erradicar las prácticas y actitudes machistas.
Publicado por: Editorial
El feminicidio en Santander es una crisis que se profundiza día tras día debido, entre otros factores, a una cultura machista y la falta de una respuesta acertada de parte de las autoridades. Las cifras de 2024 revelan cómo el fenómeno se agrava cada vez más, pues entre enero y septiembre, ya se registraron 12 feminicidios consumados y 19 intentos, lo que supera los registros de años anteriores y enciende nuevamente las alarmas para toda la región.
Las historias detrás de las estadísticas muestran el impacto de esta violencia en la vida de las mujeres santandereanas, pues la mayoría de los casos de feminicidio ocurren en medio de hechos que conllevan la mayor sevicia y que suelen ser el punto final de una larga historia de abuso, brutalidad y devastación. Los testimonio de las víctimas sobrevivientes de feminicidios no consumados, dejan al descubierto un drama en el que priman el miedo hacia los victimarios y la desconfianza en las instituciones, dos elementos que suman dolor e injusticia a la vida de miles de mujeres.
En respuesta a esta situación, lo que hasta ahora se ha conseguido es muy poco y lo que se debe entender es que antes que seguir reproduciendo las mismas premisas, para llegar a las mismas conclusiones y adoptar las medidas que ya se han comprobado como ineficaces, se debe actualizar el concepto, asumir nuevas perspectivas y tomar nuevas decisiones como, entre otras, combatir la violencia machista no solamente en las principales ciudades del departamento, sino que se trabaje en toda la región, pues el fenómeno abarca todo el departamento.

La situación en Piedecuesta, por ejemplo, donde casi 500 mujeres han reportado casos de violencia en lo que va del año, es particularmente grave, pues la carencia de suficientes comisarías y la falta de atención adecuada agravan la situación. Pero no es solo aquí, pues en El Socorro, Barrancabermeja y Puerto Wilches se ha detectado un número muy alto de casos de violencia contra la mujer, sin que haya respuesta efectiva de las instituciones, lo que se convierte en otra amenaza contra la integridad de las víctimas.
Otro ejemplo de la necesidad de buscar nuevas aproximaciones al problema es Bucaramanga, donde se lanzó la estrategia ‘Código Rosa’, para atender y proteger a mujeres en situación de riesgo, pero las cifras de violencia siguen siendo alarmantes, todo lo cual refuerza la necesidad de una acción coordinada entre el gobierno municipal, con el departamental y el nacional, además de un cambio cultural profundo que reduzca el machismo y fomente el respeto hacia las mujeres.
Para combatir esta tragedia en aumento, las políticas públicas deben traducirse en acciones efectivas y las instituciones deben fortalecerse para ofrecer un apoyo oportuno y seguro. Sobra decir que se necesita educación y sensibilización en todos los niveles sociales para erradicar las prácticas y actitudes machistas que perpetúan la violencia contra la mujer. El compromiso debe ser asumido también por la sociedad, que debe rechazar de forma activa y visible toda manifestación de violencia.











