Hace 35 años Colombia decidió reformar la Constitución centenaria.

David Augusto Peña ha dedicado su vida a la defensa de los derechos y la enseñanza del Derecho Público en la Unab. Su participación en el movimiento estudiantil que impulsó la reforma de la Constitución de 1886 fue clave para la creación de la Carta Magna de 1991. En diálogo con Vanguardia, habló de su experiencia.
¿Qué estaba pasando en Colombia en ese momento que llevó a los estudiantes a buscar un cambio en la Constitución?
“Antes de 1990, el país estaba sumido en la amenaza constante de los carteles del narcotráfico de Cali y Medellín, encabezados por los Rodríguez Orejuela y Pablo Escobar. Además, los auxilios parlamentarios establecidos en la Constitución de 1886, que terminaban en los bolsillos de los congresistas, generaron un profundo malestar en la sociedad. Todo esto detonó muchas cosas”.
¿Pero eso no ha cambiado mucho?
“No del todo. Algunas cosas han cambiado, pero en su momento, al menos, los auxilios eran destinados a las regiones, para la prosperidad y el desarrollo de temas básicos”.

Entonces no se hablaba de derechos fundamentales ni humanos.
“Exactamente. Esa ausencia de reconocimiento de derechos fue la chispa que llevó al movimiento Todavía podemos salvar a Colombia a promover la Séptima Papeleta”.
¿Cuál fue la gota que rebosó la copa?
“El asesinato de un santandereano: Luis Carlos Galán Sarmiento, el 18 de agosto de 1989″.
¿Dónde estaba usted en ese momento?
“Estaba terminando mi carrera de Derecho en la Facultad de Jurisprudencia del Rosario y participaba en las juventudes del Nuevo Liberalismo. Galán era nuestro líder. Su asesinato nos motivó a reunirnos y preguntarnos: ‘¿qué vamos a hacer?’”.

Después vino la Marcha del Silencio, el asesinato de Carlos Pizarro, bombas a medios como El Espectador y Vanguardia…
“Sí, la Marcha del Silencio fue una protesta pacífica e histórica, una de las más grandes en Bogotá. Se hizo el 25 de agosto de 1989, sin vandalismo, sin grafitis, a pesar de las amenazas de los carteles. Luego de esa manifestación, surgió la idea del plebiscito para el plebiscito, es decir, un pronunciamiento del pueblo liderado por los estudiantes”.
¿Cómo lo logran porque parece difícil hoy?
“En ese momento, los astros se alinearon. Nos unimos estudiantes, docentes, directivos, políticos que realmente querían un cambio, además de iglesias, campesinos, sindicatos… Fue un esfuerzo conjunto que caminó bajo el liderazgo de los estudiantes”.
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Había otros movimientos en el mundo...
“Sí, la caída del Muro de Berlín, la imagen del hombre enfrentando los tanques en la plaza de Tiananmén, la Perestroika… En el ámbito nacional, el país estaba cansado después de más de 30 años de estados de excepción, abusos de derechos, pobreza, desempleo, corrupción y violencia. Se sumaron las masacres, los atentados y el ataque al DAS. Entre 1989 y 1991 ocurrieron hechos determinantes, incluso con la Séptima Papeleta en marcha”.
¿Qué no podemos permitir que vuelva a ocurrir?
“Debemos entender el contexto, tanto internacional como nacional. La crisis que llevó a la reforma constitucional tenía un nombre clave: Luis Carlos Galán Sarmiento”.

¿Y qué logró el plebiscito?
“En ese momento, el país carecía de ética pública colectiva y de un horizonte claro para avanzar como nación. La situación era mucho más difícil de lo que parece hoy”.
Se supone que ahora contamos con más herramientas, pero el cambio parece aún más complicado…
“La historia lo dirá. Son circunstancias que se presentan y a veces uno se pregunta: ‘¿Cómo pasó esto?’. Lo que ocurrió entonces fue un ejercicio del poder soberano del pueblo, algo que ni siquiera todos los estudiantes de derecho comprenden completamente. Es una fuerza que emerge en momentos decisivos”.
Ahora se habla de reformar la Constitución
“El presidente Petro ha mencionado la posibilidad de convocar a un proceso similar. Pero hay que recordar que esto no fue obra de una sola persona, sino de un colectivo. No eran solo David Peña, Manuel José Cepeda, Óscar Ortiz, Marcela Monroy o Alexandra Torres; éramos muchos los que pensábamos en una posibilidad de cambio. No basta con consultar al pueblo y ya. Hay que hacer un trabajo colectivo y construir una democracia participativa verdadera”.
















