Expertos hablan sobre los retos que deben asumir quienes lleguen a ocupar las 16 curules de paz una vez ocupen las sillas del Congreso en la próxima legislatura.

Publicado por: Nelly Vecino Pico
Desde varios organismos como la Defensoría del Pueblo, así como organizaciones sociales se alertó sobre algunos factores de riesgo que podrían enfrentar las Circunscripciones Territoriales Especiales de Paz -Citrep- y que se hicieron más latentes a pocos días de elecciones, como la presencia e influencia de grupos armados en los 167 municipios priorizados, las economías ilegales y la cooptación de las candidaturas por parte de los clanes políticos regionales.
Incluso a un día antes de que se cumpliera la jornada de elecciones se presentó la renuncia de al menos 10 candidatos que aspiraban a los curules de paz en regiones como Cesar, La Guajira, Magdalena y Nariño, al argumentar que pese a que existían algunas normas establecidas en el Acto Legislativo 02 de 2021, al parecer solo quedaron en el papel.
De acuerdo con expertos consultados por Vanguardia varios serán los retos que deben asumir quienes lleguen a ocupar las 16 curules de paz una vez ocupen las sillas del Congreso en la próxima legislatura.

Para Irina Cuesta, investigadora de la Fundación Ideas para la Paz. FIP, la elección de las curules de paz puede catalogarse como algo histórico, y lo acordado en su momento tuvo la intención de representar a los territorios más afectados por la violencia y que tuvieran personas que llevaran sus intereses al Congreso, sin embargo, desde noviembre, y durante el proceso de campaña se empezó a denunciar cómo a pesar de la reglamentación, los diferentes sectores políticos tenían un interés muy grande de cooptar estas curules y que había candidatos que no necesariamente representaban proceso sociales de víctimas de estas regiones.
Le puede interesar: Petro arrasó en su consulta, pero no le da para ganar en primera vuelta
Para la investigadora de la FIP uno de los casos más sonados es el de Jorge Tovar en el Cesar, pero existen otros casos como en Caquetá y Chocó, donde se han denunciado que no son personas que representen ese espíritu de los procesos comunitarios de víctimas.
Por tanto, una vez se conozcan los resultados por parte de la Registraduría, precisa Cuesta, hay un riesgo muy alto y es que no se cumpla el espíritu inicial de las curules de paz, es decir, que tengamos en el Congreso un representante apoyado por maquinarias que no necesariamente tengan en su agenda la reparación de víctimas ni la implementación del acuerdo de paz.
Por su parte, Jaqueline Estévez Lizarazo, docente de la Universidad Pontificia de Bucaramanga, asegura que uno de los grandes retos, de quienes lleguen al Congreso a ocupar las curules de paz, es darle voz a las problemáticas de las regiones.
De acuerdo con la docente, “el país está cansado de solo verse representado desde las élites en las grandes ciudades e incluso desde los departamentos que fueron víctimas del conflicto la participación es mínima, así como la posibilidad de generar proyectos para beneficiar a sus territorios.















